Acerca de Antonio Fernández Ferrer

Jubilosamente jubilado a los 60 (un lujo). Últimamente frecuento la poesía, escribo textos literarios, colaboro y ‘levanto actas’ en el Ateneo de Motril, y tengo a mis guitarras, ukeleles y banjo como aliados en mis ratos libres. También he descubierto que el cultivo de hortalizas y la jardinería puede ser un bálsamo para el cuerpo y la mente. Por lo demás, procuro perdurar en el presente con la intensidad debida e intento que el pasado no me atormente más de lo necesario -que ya es algo, después de lo vivido- y comparto mi existencia con dos mujeres que amo y me complementan.

Postales granadinas

Plaza Gran Capitán… encrucijada de recuerdos ancestrales,

parada y fonda de progresía hacia el infinito,

lugar de encuentro de reivindicaciones colectivas,

siempre presentes en la memoria.

Camino de Purchil… natural salida a los vergeles de la vega,

rastreada travesía en noches de cómplice luna llena,

decana senda a precoces escarceos amorosos

en merenderos saturados de canciones y poemas.

Plaza de la Romanilla… enclave de mercaderes y aguadores,

valle asentado junto al templo catedralicio,

testigo de ostentosas campanadas al amanecer,

albergue de fragancias a brebajes y hierbas curativas.

Carrera de la Virgen pícaros paseos adolescentes,

miradas de soslayo incontroladas y donjuanescas,

mercadeo dominical de citas inevitables,

perfumadas de membrillos, almecinas y azofaifas.

Plaza de la Trinidad… hogar elegido por jaraneras aves

en constante peregrinaje a lo desconocido,

relax predilecto de foráneas y atestadas mochilas

de bohemios trotamundos sin retorno.

Paseo de la Bomba… rancias imágenes en ‘Las Titas’

compartiendo entablilladas sillas de madera,

desesperado regazo de confesiones inconfesables

acompañadas de hechiceras sangrías juveniles.

Plaza Nueva… amalgama de culturas multicolores,

sede imperturbable de  reuniones cotidianas,

bañadas con ‘vermú’ en sus esquinas,

y punto de partida de itinerarios albaicineros.

Carrera del Darro… abierta herida al pie de los palacios,

despojada ya de la presencia de medina y lonjas,

obligado ventanal de imborrables ocasos veraniegos,

vínculo atávico con el barrio de la Almanzora.

Paseo de los Tristes… añejos cortejos hacia el camposanto,

refugio de trovadores, titiriteros y rapsodas,

túnel negro de esperanza del añorado Egea,

rampa de salida hacia la Granada musulmana.

Fuente del Avellano… extramuros asomada al río Darro,

emblemático cofrade de líricas y bucólicas academias:

Ganivet y Melchor Almagro entre álamos y avellanos,

siempre cercanos a los caños del Pilar del Toro.

Plaza de San Nicolás… balcón nazarí rodeado de cármenes

que filtran efluvios de galán de noche y azahar,

mudéjar reducto frente a la colina roja de la Alhambra,

admirada y familiar postal de visitas incesantes.

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© Antonio Fernández Ferrer. Adaptación del poema “Rincones granadinos”, incluido en el poemario Memoria del tiempo. Editorial Alhulia, 2013.

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Apunte Bibliográfico Loxa

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Con un Soneto Explosivo de Christian Dios

En Cada Rincón De Su Cuerpo hasta el Número 1

en aquella Toma De Hábitos Poética del linchamiento

de Charlie Parker en Las Aventuras De Los…¡Bang!

Juegos Reunidos en la Pesadilla De Pinito Del Oro.

Fue Una Noche En La Vida De Quintero, León y Quiroga

mientras andaba por los cuarenta la rosa de Peñaflor…

Gran Poema Del Sur Atrapado En Las Tabernas Andaluzas:

¡Se Proive Er Cante!

La poesía es un arma cargada de Celaya.

Es Preciso Armarla y Lo Que ‘Quea’ Por Cantar

en un Bolero De Lunes Santo de Poesía Revoltoxa.

…Y de pronto un día cambió de peinao, cambió de peinao.

“Solo si un ángel me alza yo volaré algún día…”

Poesía 70. Manifiesto. Poesía 70. Manifiesto. Poesía 70.

Parole, Parole…

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© Antonio Fernández Ferrer, 20 de Diciembre de 2017.

Juan de Loxa, la irreparable pérdida de un genio creativo

Hoy, 15 de Diciembre de 2017, se ha apagado la mente visionaria, rompedora, surrealista y transgresora del escritor y poeta JUAN DE LOXA. Nos hemos quedado huérfanos de su creatividad infatigable.

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En mayo de 2014 el XI FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE GRANADA le rindió un merecido homenaje por su labor incansable en el panorama cultural granadino, andaluz y universal, a través, fundamentalmente, de «POESÍA 70».

Recientemente (del 24 al 26 de Octubre de 2017), la Asociación Unigrama, formada por alumnos mayores de la UGR, junto a Fundación Caja Granada, Patronato de la Alhambra, Consejería de Cultura, y el Vicerrectorado de Extensión Universitaria, dedicó unas Jornadas dedicadas a Poesía 70 y Manifiesto Canción del Sur en el Aula Magna de la antigua Facultad de Medicina. Fue como una anticipada y premonitoria despedida de Juan en la que estuvimos acompañándole, ajenos a lo que hoy nos ha conmovido en nuestros adentros.

En estos tristes momentos, varias imágenes (siempre en color sepia, curiosamente) acuden sigilosas a mis recuerdos, y espero poder reflejarlas, a pesar de ya contar con su irreparable ausencia. Unos sencillos apuntes hilvanados en cumplida, pero ordenada, procesión de su impagable aportación a la cultura granadina.

Abriendo el cortejo figuraría lo que he dado en denominar ‘el triángulo de las Bermudas nazarí’, en el que pudiera inferirse como centro de la actividad cultural, bulliciosa y desenfrenada a veces, de una ciudad en plena efervescencia. Los vértices de esa figura geométrica triangular a la que aludo fueron la antigua Facultad de Letras, Bar Natalio (ambos lugares en calle Puentezuelas) y Bar Bimbela, en Carríl del Picón. Locales ya desaparecidos, obviamente. Asambleas de estudiantes y profesores (por supuesto sin el pertinente permiso de ‘la autoridad competente’) terminaban, casi siempre, acompañadas de redadas de la extinta Policía Armada o ‘grises’, en las que por el simple hecho de formar un ‘grupo superior a dos personas’ se consideraba altercado del orden público. Ante esta tesitura, lo indicado solía ser ‘buscar refugio’ en los bares anteriormente citados y mezclarse con la clientela.

La creatividad, el ansia de libertad de expresión y de reunión, la innegable oposición a un régimen dictatorial -ya caduco y cercano a su desaparición- de aquella juventud de los años setenta era evidente… pero aquellos años pasaban con una inusitada lentitud, y todo, aparentemente, no experimentaba el cambio hacia la democracia que se esperaba con inquietud y expectación. En este contexto social surgen alternativas culturales que pronto serán la referencia de muchos.

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Revista Nº O de POESÍA 70.

Juan de Loxa fue una de ellas. Por medio de un programa radiofónico en la Cadena de Emisoras de Radio Popular -con un soberbio equipo de locución formado por Jose María Barbero, Elodia R. Campra, Lola Martín, entre otros- comienza a dar cabida a poetas, diseñadores gráficos y creadores en general en lo que bautizó como «POESÍA 70». Pablo del Águila, Fanny Rubio, Carmelo y Claudio Sánchez Muros, José Heredia Maya, Juan J. León, Javier Egea, José Carlos Rosales, junto a Joaquín Sabina, Carlos Cano o Luis Eduardo Aute, componen parte de esa pléyade de escritores, y -en poco tiempo- el programa de radio traspasa las ondas y se hace Revista Literaria de calidad contrastada.

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Juan de Loxa y Rafael Alberti en Granada, 24 de febrero de 1980.

Pero Juan quiere ir más allá. Con Alberti se pregunta: “¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? ¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?…” Granada es tierra de música, de canción, y en Granada hay ‘materia prima’ suficiente como para dar el siguiente salto cultural: Crear una auténtica canción del Sur, como reivindicación paralela, amiga o correligionaria de movimientos músico-poéticos como la Nova Cançó catalana, la canción de autor aragonesa, la canción popular gallega, los cantautores de Euskadi…

Tras ir madurando este proyecto Juan de Loxa entra en contacto con algunos poetas que ya musicalizaban sus propias composiciones (Carlos Cano y Antonio Mata, entre otros) y hace su aparición «MANIFIESTO CANCIÓN DEL SUR» como la nueva canción andaluza que se desborda hacia todos los sures.

La palabra se convierte en canción, y con ella, una esperanza para tantos que veían pasar las horas sin que nadie le diera una explicación a aquello que veían en las calles, que leían en los diarios. La pregunta que Rafael Alberti lanzaba al aire estaba siendo respondida. Lentamente, pero con seguridad. Ya quedaba menos para alcanzar la añorada libertad. No contaban con miembros elitistas, era un movimiento cultural abierto a todo el que quisiera participar. Tenía el mismo valor el que subía al escenario con la guitarra en la mano (y con la censura acechando) que quien se sentaba en la butaca a corear las canciones.

En 1971 el proyecto se convierte en una realidad tangible, y a él nos unimos Pascual Pérez Chaparro, Esteban Valdivieso (como guitarra, arreglista y compositor -si bien, años más tarde, ya lo haría como cantautor-) y el que escribe. Grabábamos nuestras canciones en los estudios de Radio Popular de Granada, respaldados por el mismo equipo de profesionales que hacía los montajes de «POESÍA 70» (con la imprescindible Elodia Campra), y los programas salían al aire los martes a las cuatro de la tarde. El primer concierto conjunto se realiza en el Carmen de Rodríguez Acosta. Lleno completo para escuchar las propuestas-canciones de los que más tarde seríamos llamados ‘cantautores sociales comprometidos’…

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Después llegarían otros muchos ‘encuentros-recitales’ en colegios mayores de la universidad de Granada, en el Auditorio de la Facultad de Ciencias, en locales más reducidos y galerías de arte… El mecanismo de activación del público asistente era bien sencillo: emisión de los recitales de “Manifiesto” por la radio, unos cuantos carteles a colocar en lugares estratégicos de Granada, breves notas informativas en los diarios granadinos ‘Ideal’ y ‘Patria’, y el consabido ‘boca a boca’. Así de simple, y así de fácil, sin más parafernalia. Al teléfono móvil, e.mail, internet, redes sociales, cadenas de TV autonómicas, locales o privadas, vídeos, prensa digital, etc. les quedaban por delante algunos lustros para hacerse presentes…

«MANIFIESTO CANCIÓN DEL SUR» comenzaba a caminar, y siempre de la mano de este genio creativo insustituible: Juan de Loxa.

Descansa en paz y vuela alto, muy alto, querido amigo.

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© Antonio Fernández Ferrer, 15 de Diciembre de 2017

Cartas enlatadas

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—Cada cierto tiempo, normalmente coincidiendo con tardes que se van acortando irremisibles, suelo ofrecerme un pausado paseo por los caminos del recuerdo que queda impregnado en esos objetos, enseres o entes inanimados que me rodean a diario y a los que, de manera inconsciente, no prestamos suficiente atención a lo largo del año. Hoy, seducido por su impensada llamada, he rescatado de un velado rincón de la estantería una deslucida y ajada caja de latón en la que se han ido acumulando una serie de evocaciones, fotografías y escritos varios. Ese antiguo recipiente de dulce de membrillo me ha permitido algunas reflexiones…

—Ya estamos. Otra vez te ha atacado la melancolía, la nostalgia… Si es que no tienes remedio. Yo veo ese “pequeño baúl de los recuerdos” todos los días, pero —ya me conoces de sobra—, ni se me ocurre tocarlo, y mucho menos abrirlo. Yo soy así. Y además, te tengo dicho que vivas el presente, el día a día… ¡Carpe diem, joder! Y nada, tú a lo tuyo, a rememorar el pasado, a añorar lo que fue y que no va a volver. Claro, si es que todo esto te pasa por haber leído y releído tanto a Jorge Manrique. Ya te lo advertí hace muchos años.

—Si alguna vez en tu puñetera vida me dejaras terminar mis razonamientos te darías cuenta de que, en esta ocasión, no van por ahí los tiros.

—Perdona entonces. Venga, sigue con tus elucubraciones…

—El caso es que he abierto esa caja de recuerdos y he vuelto a leer alguna carta que recibí de mi padre —perdón, de nuestro padre— cuando estuve —estuvimos— en aquella residencia de estudiantes en Dublín…

— ¡Qué me vas a contar de aquellos meses de 1973! Lo pasamos bien, ¿verdad? Y hasta logramos aprender inglés, a pesar de todo. ¡Qué tiempos! Oh, the green and musical Ireland

—Pues tampoco era eso a lo que me refería, mi querido y prosaico aliado. Mi reflexión pretendía rescatar el hecho de “escribir cartas” como alternativa a los ese-eme-eses, guasaps, correos electrónicos, etc. Esa, y no otra, era mi intención al comenzar este monodiálogo de hoy: reivindicar esa costumbre, casi perdida actualmente.

— ¿Te das cuenta? Lo de siempre: tu negación a la tecnología, anclado en el pasado, pretendiendo una vuelta a tiempos pretéritos, y todo como excusa a tu manifiesta impotencia frente a la modernidad, los ordenadores, las redes sociales…

—De verdad te digo que no sé cómo seguimos juntos, será que el destino nos depara un buen futuro en algún mundo paralelo, porque lo que es en éste…

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© afferrer. De “Monodiálogos frente al espejo”. Editorial Nazarí, 2016.

A face in the crowd

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Tom Petty (1950-2017). In memoriam

When I was a young rock and roll star, I was really fascinated and shocked at times by the power that I had, by the power of my words, and shocked that it can be taken wrong. I do not believe in censorship, but I do believe that an artist has to take some moral responsibility for what he or she expresses with his/her words.

Tom Petty y ‘The Heartbreakers’ fueron los receptores directos de la llamada Invasión británica de mediados de los sesenta, y a finales de los años setenta rescataron el estilo y escogieron las mejores opciones que presentaba aquél fenómeno musical, uniéndolas al rock y al género dylaniano de los cantautores folk para, en fín, crear un híbrido distintivo norteamericano que recordaba el pasado sin sentirse, por ello, en deuda con él. Lo más cercano a la definición de ‘folk-rock’.

‘The Heartbreakers’ fueron un grupo de músicos coherente y versátil que ofrecieron su apoyo y acompañamiento a las canciones de Petty. La peculiar forma de cantar y la voz nasal de Tom Petty puede recordarnos a Dylan y a Roger McGuinn, pero su lirismo es directo y claro, un estilo sin adornos, muy similar al de Neil Young. A lo largo de su carrera Petty y Heartbreakers nunca renegaron de sus raíces musicales, sino que las ampliaron con influencias psicodélicas, rock sureño y músicas de la ‘new wave’. Fueron también uno de los pocos grupos de rock tradicional que comenzaron con los vídeos musicales, grabando los más populares y auténticos de la historia de la MTV. Su innovadora avidez de experimentar en los límites del clásico rock-and-roll ayudó a Tom Petty a mantener su popularidad ya entrada la década de los noventa.

Tom Petty nació en Gainesville (Florida) en 1950. A los 17 abandonó la Secundaria y fundó el grupo ‘Sundowners’, más tarde metamorfoseado a ‘The Epics’, y por último denominado ‘Mudcrutch’, con los que se traslada a Los Ángeles en busca de casa discográfica, encontrándola en Shelter Records, pero el contrato no llega a firmarse ya que el sello discográfico quería hacerse con Tom Petty como solista, lo cual provocó que el grupo ‘Mudcrutch’ no diera su consentimiento y se marchara. Petty, alagado, se dedicó a dar recitales por diferentes locales en Los Ángeles, y de paso encontrar algún otra banda que le sirviera como soporte. En 1975, el dúo ‘Campbell and Tench’ contaron con Petty para hacer voces y armonías en sus canciones. Pronto se dieron cuenta de la gran capacidad creativa del cantautor y, con el bajista Ron Blair y el batería Stan Lynch, formaron la banda que llamaron ‘The Heartbreakers’. Al seguir vinculado a Shelter Records, Tom Petty hizo la propuesta y se grabó su primer disco con el nombre “Tom Petty and the Heartbreakers” en 1976. En un principio la acogida al disco fue fría, pero cuando el grupo recibió el apoyo del público en su gira por Inglaterra, Estados Unidos le otorgó su aprobación y las ventas comenzaron a ser más que notables. Shelter publicó entonces dos canciones en un single que se vendió por todo el país: ‘Breakdown’ y ‘American girl’, convirtiéndose en Top 40 rápidamente.

En 1978, con You´re gonna get it de nuevo logran grandes ventas y su reconocimiento se hace cada vez más visible en conciertos, galas, entrevistas, radio y televisión. Pero Shelter Records tenía problemas: su compañía ‘madre’, ABC Records, había sido comprada por MCA Records, y Petty intentó renegociar su contrato. MCA entró en bancarrota y Petty fue contratado por su subsidiaria ‘Backstreet Records’. Con la nueva firma grabaron Damn the torpedoes en 1979, que catapultó al grupo de los circuitos cerrados, nightclubs y teatros a los conciertos multitudinarios al aire libre en grandes espacios. La canción ‘Don´t do me like that’ fue un Top-ten y ‘Refugee’ llegó al número 2 de las listas. El álbum vendió dos millones de copias.

Hard promises (1981) y Long alter dark (1982) siguieron la ‘racha’ triunfal de la banda, y Tom Petty comenzó a recopilar canciones y poemas, con la idea de que, en un futuro, podría dedicarse a su carrera en solitario.

Los tres años siguientes se dedicaron a conciertos, y a grabar Southern accents con unas difíciles y enconadas sesiones en las que intentaban entrar en territorios musicales nuevos como el soul, la psicodelia y la música new wave. Finalmente, salió al mercado en la primavera de 1985, precedido por el single ‘Don´t come around here no more’. El álbum llegó a ser disco platino. El año 1986 fue enteramente destinado a una gira mundial con Bob Dylan. Una vez finalizada, graban Let me up en 1987. Poco después de su salida a la venta, la casa de Petty y la mayoría de sus pertenencias fueron destruídas por un fuego que no llego a afectar a Tom, a su mujer y a sus dos hijas. Las pérdidas fueron enormes y Tom pasó un tiempo retirado de la música, aquejado por una depresión. Al año siguiente (1988) Tom entra a formar parte del supergrupo (‘temporal’ según establecieron) “Travelling Wilburys”, formado por Bob Dylan, Tom Petty, George Harrison, Roy Orbison y Jeff Lynne. Hicieron un álbum a finales de 1988, y el sonido del grupo sería el proyecto que Petty deseaba: su primer álbum como solista. En 1989 publica Full Moon Fever, producido por Jeff Linne y con el apoyo de Heartbreakers, se convirtió en un enorme éxito, alcanzando el puesto tres  de las listas en Estados Unidos, triple platino y generando tres singles: ‘I won´t back down’, ‘Running down a dream’ y ‘Free Falling’, que alcanzó el séptimo lugar de ventas.

En 1994, el grupo hace algunos cambios y Tom Petty graba su segundo álbum Wildflowers con otro triple platino. En 1999, se edita Echo con Petty y los renovados Heartbreakers. En 2002 publican The last DJ y este mismo año son nombrados miembros del Salón de la Fama del Rock.

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© Antonio Fernández Ferrer. Del libro “La canción folk norteamericana. Cantautores y textos”, Editorial Universidad de Granada, 2007.

 

En el ocaso de un sueño

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Algún día, en cualquier parte, te encontrarás a ti mismo, 
y esa puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas. (Pablo Neruda)

 

No hay final encubierto en mis sueños,
ni principio alguno que los invoque.
Hay incrédulas figuras entre brumas,
que cuestionan la causa de su presencia
en la irrealidad de mi fantasía.

Hay reclamadas inquietudes en mis sueños
que transitan errantes cada noche,
conformando un séquito
de impersonales camaradas,
devotos perpetuos de mi escogida soledad.

No hay fantasmas ni plegarias en mis sueños,
solo un turbador nirvana, como sigiloso espectador,
siempre presente en la habitación contigua.

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© Antonio Fernández Ferrer, 2017

Mientras mi guitarra llora

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No solamente nos van dejando músicos y cantautores que han sido nuestra referencia a lo largo de los años. También hay episodios en los que la enfermedad o los accidentes van mermando las facultades de algunos/as que se han significado como guías imprescindibles con sus aportaciones a la canción de autor. Uno de estos líderes mundiales es, sin duda, el guitarrista, intérprete y compositor ERIC PATRICK CLAPTON, nacido en Ripley (Inglaterra) el 30 de marzo de 1945.

Me confieso, abiertamente, admirador incondicional de su trabajo y su coherencia musical y personal y, por ello, me entristece profundamente hacerme eco, a través de esta entrada en mi blog, de noticias como esta. Sus seguidores deberemos hacernos a la idea de que, dentro de poco, ya no podremos disfrutar de su talento en directo porque hace unos días anunció que deja los escenarios a causa de una enfermedad neurodegenerativa que padece desde hace algún tiempo: la “neuropatía periférica” ya le acompaña, inexorable, como cómplice silencioso y constante.

Hace cuatro años le obligó a cancelar algunos conciertos y Eric reconocía que era muy complicado tocar la guitarra así. Tal como se ha explicado, parece probable también que no vuelva a grabar ningún disco. Esta insuficiencia nerviosa produce dolor y pérdida de la sensibilidad e incapacidad para controlar los músculos.

Ya en los 70 del siglo pasado Clapton hablaba de aquellos años como adicto a las drogas y al alcohol: “Debería haber estirado la pata hace mucho tiempo. No sé cómo sobreviví, pero por alguna razón fui arrancado de las fauces del infierno y tuve otra oportunidad”, asegura el músico, que pese a haberse librado de los males derivados del consumo de estupefacientes, ha sufrido golpes tan duros como la muerte de su hijo Conor, cuando este tenía cuatro años, y que fue el destinatario de su hermosa canción ‘Tears in heaven’.

Comenzó su carrera musical en la década de los 60, formando parte de grupos como ‘The Yardbirds’, donde era conocido con el apodo de ‘slow-hand’, o el trío ‘Cream’, con Ginger Baker y Jack Bruce. Más tarde inició una carrera en solitario con la que también alcanzó grandes cotas de reconocimiento, siendo altamente valorado por la crítica musical especializada.

Su último trabajo, el premonitorio ‘I still do’, fue presentado hace tan solo una semana y ha alcanzado la primera posición en la lista de los discos de rock más vendidos de Billboard. A finales de año, los fans de Clapton y los Rolling Stones podrán disfrutar de la que, se supone, será su última colaboración artística en el nuevo disco de sus ‘Satánicas Majestades’, y que posiblemente se editará a finales de este año.

Sin embargo, en nuestro recuerdo colectivo, siempre estarán presentes sus grandes éxitos y su indiscutible y magistral contribución a la cultura musical de todos los tiempos: ‘Cocaine’, ‘Layla’, ‘My father´s eyes’, ‘Change the world’, ‘Wonderful tonight’, ‘I shot the sheriff’, ‘Crossroads’, ‘Motherless child’… todas ellas seguirán formando parte de la historia, junto a ese solo -eternamente inmortal- en ‘While my guitar gently weeps’ de su inseparable y añorado George Harrison.

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© Antonio Fernández Ferrer, 26 de mayo de 2017.