Irrealidad en el cosmos

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Al franquear, en milésimas de segundo, la curvatura del espacio-tiempo, alcancé, asombrado, ese confín de momentos en los que abandonamos la terrenal existencia para entrar en un súbito bucle cósmico, y diluirnos en una travesía sideral por la antimateria.

El indescifrable y ancestral universo, insomne y oscuro, se multiplica y se divide, alternativamente, y se vanagloria, de paso, de su mágica versatilidad, humillando ufano a cualquier insensato que, como yo, intenta aproximarse a su infinita y mística enormidad.

Peregriné, a través de luceros y estrellas, hacia inconexas ensoñaciones, relatando, en voz alta, grupales letanías casi olvidadas en un rincón de la memoria, para -de repente- apostatar de religiones y creencias, y navegar desorientado por latitudes abismales, hasta irrumpir en un letargo sin fin, mecido por el viento.

Fue un salto al vacío en la irrealidad del tiempo, abatido en continuos naufragios, una expedición astral hacia lo velado: la ausencia de la percepción consciente. Y aún así, pude controlar, con cierta lucidez, el grandioso abanico de arcanas sensaciones acumuladas en mi enajenada mente, para regresar -años más tarde- al turbador presente, deshojando las ajadas páginas de un anónimo y desatendido poemario.

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© Antonio Fernández Ferrer, mayo 2019.

En la raíz del silencio…

“El pasado 27 de marzo asistimos, en el Palacio Condes de Gabia de Granada, a la presentación del libro “En la raíz del silencio”, con prólogo y selección de poemas de Fernando González Lucini, y publicado por el Patronato Cultural Federico García Lorca (Diputación de Granada). El libro recoge poemas de ANTONIO MATA quien formó parte del colectivo “Manifiesto Canción del Sur” y está editado en blanco y verde, los colores de Andalucía, de los que habla Antonio Mata en su poema “De verde y blanco”. Fue un acto entrañable abierto por Fátima Gómez, Diputada de Cultura y Memoria Histórica y Democrática, y presentado por Antonio Fernández Ferrer, amigo y compañero de Mata en creaciones poéticas y musicales del colectivo.
Ante la imagen de Antonio Mata con su guitarra, proyectada en el forillo del escenario, cuatro cantautores (acompañados de amigos/as, entre las que se encontraban Marisa y Carmen, hermanas del poeta jienense, y Concha Rodríguez, compañera de Antonio y colaboradora en la selección de los poemas) interpretaron poemas del libro, algunos musicalizados por ellos. Así cantaron y recordaron alguna que otra anécd
ota del poeta, Antonio Fernández Ferrer, Enrique Moratalla, Juan Garzón y Juan Trova.

Pasamos un rato muy emotivo en recuerdo de Antonio Mata, al calor de amigos y simpatizantes.”

© José Luis López Enamorado, 28 de marzo de 2019.

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El lenguaje músico-poético

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Según el investigador y pedagogo Fernando González Lucini “el nacimiento de poetas y cantores que, haciéndose voz de un pueblo no resignado a enmudecer bajo el silencio de la censura de la dictadura española, decidieran cantar en libertad para contagiar su ilusión y esperanza, asumiendo la poesía cantada como un “arma cargada de futuro” como decía Gabriel Celaya, hizo que se contribuyera de forma definitiva al despertar de la conciencia democrática y crítica de la ciudadanía”.

Partiendo de estas premisas intentaré desarrollar una serie de aproximaciones a los distintos paisajes en los que surgió en nuestro país la denominada “canción social”, o “canción protesta”, “o canción testimonial”… cualquiera de estos conceptos podría aplicarse a su realidad. Fundamentalmente en las áreas urbanas fueron apareciendo cantautores que, en la década de 1960, eclosionarían creando diversos movimientos, cuyas características pueden ser divididas, a grandes rasgos, en las siguientes:

  1. Se realiza una fuerte oposición política a la dictadura, reivindicando la falta de libertades y el ansia por alcanzarlas.
  2. Se busca la rehabilitación del folklore y las tradiciones asfixiadas por el franquismo. Frente al centralismo de Madrid nacen culturas musicales que ponen de relieve la importancia de las distintas identidades culturales no castellanas. Ejemplo de ello será la Nova Canço catalana en Cataluña, Voces Ceibes en Galicia o Ez Dok Amairu en País Vasco.
  3. Utilización de la poesía de autores clásicos de la literatura española. Durante los sesenta y setenta los cantautores usarán la poesía de Antonio Machado, Rafael Alberti o Miguel Hernández entre otros muchos para cargar de belleza sus canciones, con un lenguaje claro capaz de conectar con el público, “sin distorsiones al oyente”.
  4. Uso de la metáfora para burlar la censura franquista. Este es uno de los más claros ejemplos de cómo la canción protesta disfrazó sus letras mediante bellas metáforas para realizar fuertes críticas a la dictadura. Al alba, de Luis Eduardo Aute, es una de las mejores pruebas.
  5. A las características anteriores se les añaden otras destacadas por Vázquez Montalbán como ser canciones breves de fácil recepción, acompañadas de estribillos y ritmos atrayentes, emotividad de la música y la letra y sencillez de estas, para llegar al máximo número posible de personas.

Así pues, en un contexto en el que se demandaba -tanto por exigencias internas como internacionales- una mayor libertad cultural y mejoras económicas, van apareciendo diversos movimientos en la escena de la canción protesta que lograrán consolidarse como un claro componente de la escena antifranquista, contribuyendo así a su desaparición a finales de los setenta.

Podríamos situar, sin temor a equívoco, que la canción social surge a mediados de los 50 del pasado siglo con un  cantante fundamental: Paco Ibáñez que, exiliado en París, comienza a musicalizar poemas de Lorca, animado por su amigo George Brassens. En 1959, en Valencia, un joven universitario de 19 años: Raimon, compone “Al vent” una canción que se convertiría en un claro símbolo de la lucha por la libertad, y que sería referente imprescindible en la década de los 60. En 1962, en Madrid, surge la figura del poeta y activista Chicho Sánchez Ferlosio, autor de “Gallo rojo, gallo negro” (Cuando canta el gallo negro es que se acaba el día, si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría), y del breve poema “Yo soy un moro judío que vive con los cristianos, no sé qué dios es el mío ni cuáles son mis hermanos”.

Mientras, en Cataluña, surge el movimiento músico-poético Nova Cançò, con reivindicaciones lingüísticas y políticas, con figuras tan relevantes como Pi de la Serra, Guillermina Motta, Lluis Llach, Joan Manuel Serrat… a los que también se une la mallorquina Maria del Mar Bonet.

Paralelamente, a principios de los 70 van apareciendo distintos movimientos y cantantes sociales por toda la geografía española: Labordeta en Aragón, Cecilia e Hilario Camacho en Madrid, Juan Carlos Senante y Taburiente en Canarias, Victor Manuel en Asturias, Voces Ceibes en Galicia, Poesía 70 y Manifiesto Canción del Sur en Andalucía….

Desde una perspectiva formal la canción social fue un género que participó –y sigue participando- de la poesía y de la música, sin ser subsidiaria de ninguna de ellas, sino una síntesis. Un género en el que la palabra se hizo música en dos direcciones: a través de la musicalización de nuestros grandes y reconocidos poetas, y de la creación de canciones con textos poéticos originales del cantante. Es así como se acuña el término de “cantautor”.

Otro rasgo que define al género de canción social o de autor de los años 60 y 70 es su carácter de movimiento aglutinador y solidario. Fue un movimiento desarrollado por colectivos, en los que la idea del “yo” era indisoluble de la idea del “nosotros” (F. G. Lucini). Ese principio pudo sostenerse durante algunos años, pero más tarde, sobre todo tras la llegada de la democracia y la muerte del dictador, provocaría la desarticulación de los grupos y, en consecuencia, el mantenimiento de individualidades artísticas, y la desaparición de creadores que, bien por voluntad propia o forzados por las circunstancias, dejaron de cantar y componer canciones.

La canción protesta fue disminuyendo su intensidad a partir, fundamentalmente, de 1978. La consolidación de la democracia y la victoria del PSOE en 1982 indujeron un cierto sentimiento de desencanto político en algunos sectores a mediados de la década al confirmarse que muchos de los cambios que se esperaban con un gobierno socialista no se estaban produciendo. Es la época de la reconversión industrial de Felipe González, de la espiral de violencia terrorista y las movilizaciones obreras. La insatisfacción del cambio en algunos intelectuales de la canción protesta era evidente, más al ver que la muerte de Franco no produjo una transformación radical de la situación española. En todo caso cabe afirmar que la canción protesta no fue sino un intento de ofrecer, mediante la exposición en realidad más de unos ideales que de un ideario coherente y fuertemente arraigado en la cultura política de los españoles, una alternativa a la situación de penuria intelectual, social, vital incluso, que consumía a la gran mayoría de los españoles, como diría Patxi Andión, “muertos en cárcel de paz”. En definitiva, se puede afirmar que la canción protesta contribuyó a regenerar el panorama cultural de la España de los años sesenta y setenta, motivó el auge de la protesta social y ayudó a crear amplios movimientos culturales por toda España, que significaron, y significan, un claro referente de la lucha antifranquista.

A partir de los años 80 la mayor parte de los colectivos que hemos enumerado anteriormente han desaparecido y comienza una nueva etapa en la creatividad de cantantes y grupos musicales que, por supuesto, coexisten con cantautores que siguen fieles a los principios de composición musical y poemas. Aparecen entonces las figuras del “cantautor urbano” y el “cantautor poeta” con Joan Bautista Humet, Joaquín Sabina, Javier Krahe, el polifacético Luis Eduardo Aute, Antonio Vega, la canaria Rosana, Kiko Veneno, Pedro Guerra, Antonio Vega, Manolo García…. junto a cantautores que hacen de España su tierra de adopción, como los casos del uruguayo Jorge Drexler, el argentino Andrés Calamaro, la danesa Christina Rosenvinge…Es una nueva forma de acercarse a la realidad de un país que ya disfruta de la democracia en su plenitud y en el que el mensaje sociopolítico comienza a quedarse obsoleto.

Luis Pastor escribe sobre esta década de la conocida movida los siguientes versos: «La democracia es la pera… / Clásico cantautor, a tus trincheras / con corona de laurel / y distintivo de honor / pero no des más la lata, / que tu verso no arrebata / y aquel tiempo ya pasó».

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© Antonio Fernández Ferrer, Marzo 2019.

MANIFIESTO DE AUSENCIAS

Manifiesto de ausencias

 

                              A Juan de Loxa García Pérez (1944-2017)

Con un Soneto Explosivo de Christian Dios

en Cada Rincón De Su Cuerpo hasta el Número 1,

en aquella Toma De Hábitos Poética del linchamiento

de Charlie Parker en Las Aventuras De Los…¡Bang!

Juegos Reunidos en la Pesadilla De Pinito Del Oro.

Fue Una Noche En La Vida De Quintero, León y Quiroga

mientras andaba por los cuarenta la rosa de Peñaflor…

Gran Poema Del Sur Atrapado En Las Tabernas Andaluzas:

¡Se Proive Er Cante!

 

La poesía es un arma cargada de Celaya.

Es Preciso Armarla y Lo Que ‘Quea’ Por Cantar

en un Bolero De Lunes Santo de Poesía Revoltoxa.

Y de pronto un día cambió de peinao, cambió de peinao…

“Solo si un ángel me alza yo volaré algún día”.

Poesía 70. Manifiesto. Poesía 70. Manifiesto. Poesía 70.

Parole, Parole…

 

A Antonio Mata Valero (1947-2014)

Esta tarde gris, premonitoria y extraña

guardaba en su interior unos versos sin terminar,

un poema perdido e inacabado que flotaba en el aire,

y una llamada con la voz quebrada,

me susurraba aterida desde Madrid

que nos habías dejado.

 

Hoy se ha cerrado definitivamente el libro

-aún incompleto- de tu historia.

Se nos ha ido un referente de la canción

que se desborda hacia todos los sures,

aquel sueño dorado y sepia de los setenta:

“Voy tras de mí y junto a mí,

con vuestra sombra también.”

Esta tarde gris, premonitoria y extraña

nos queda el legado de la lúcida sensibilidad,

el poema preñado de timidez contenida,

el melancólico trovador y sereno contertulio,

querido al instante de conocerle:

“Llevo romances viajeros

de hilos míos y ajenos que los tejo yo.” 

 

A Esteban Valdivieso García (1951-2008)

 Lejos, en la distancia,

unimos vivencias irrepetibles,

gestos únicos de nuestro efímero paso por la vida.

Compartimos versos, uno a uno,

sembrados en acordes de guitarra,

consortes mudos de inquietudes desoladas,

y nos resumimos en ocho lustros de complicidad,

incomparable y cercana,

frente a la necedad de ser pasado y presente,

siempre al unísono.

 

Y, poco a poco, soñando sueños

se nos ha ido cayendo la tarde

junto a la espina de un sangrante corazón,

ido ya entre cipreses,

rodeado de añorados pozos blancos

y pájaros solitarios cantando al infinito.

 

A Carlos Cano Fernández (1946-2000)

Soplaban vientos del Sur en la alameda,

“y uno solo, caminando tras la estrella que se pierde”

no encontraba las huellas de lo ya pisado,

como si las hubiera borrado la escarcha de aquel diciembre.

Fue el vital y drástico torrente irrefrenable,

la reconfortante brisa balanceando la blanquiverde,

la mirada penetrante -furtiva y cómplice a la vez-

las lorquianas gacelas y casidas reencarnadas en canción.

 

“Vengo de abajo cansado de tanta cuesta”,

la miseria como esencial referente a lo inexplicable

y que “escucha el grito de los que sufren como animales, madre.”

Tú, impenitente y rebelde agitador de conciencias inconscientes.

 

Cuántos versos por escribir aún te reclaman impotentes,

irónico viajero de corazón neoyorquinamente granaíno,

mientras dieciocho rosas rojas adornan tus rizos indomables

como fieles acólitos en esta ceremonial catarsis.

Hoy, eterno Carlos Cano, “la luz del cielo baña tu frente”

y nos saluda con olores a romero y hierbabuena.

Luz marchita y mustia, pero emisaria permanente de tu ausencia:

“Sorbo a sorbo bebe en la amargura la paloma.”

 

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© Antonio Fernández Ferrer, enero 2019.

 

 

Postales granadinas

Plaza Gran Capitán… encrucijada de recuerdos ancestrales,

parada y fonda de progresía hacia el infinito,

lugar de encuentro de reivindicaciones colectivas,

siempre presentes en la memoria.

Camino de Purchil… natural salida a los vergeles de la vega,

rastreada travesía en noches de cómplice luna llena,

decana senda a precoces escarceos amorosos

en merenderos saturados de canciones y poemas.

Plaza de la Romanilla… enclave de mercaderes y aguadores,

valle asentado junto al templo catedralicio,

testigo de ostentosas campanadas al amanecer,

albergue de fragancias a brebajes y hierbas curativas.

Carrera de la Virgen pícaros paseos adolescentes,

miradas de soslayo incontroladas y donjuanescas,

mercadeo dominical de citas inevitables,

perfumadas de membrillos, almecinas y azofaifas.

Plaza de la Trinidad… hogar elegido por jaraneras aves

en constante peregrinaje a lo desconocido,

relax predilecto de foráneas y atestadas mochilas

de bohemios trotamundos sin retorno.

Paseo de la Bomba… rancias imágenes en ‘Las Titas’

compartiendo entablilladas sillas de madera,

desesperado regazo de confesiones inconfesables

acompañadas de hechiceras sangrías juveniles.

Plaza Nueva… amalgama de culturas multicolores,

sede imperturbable de  reuniones cotidianas,

bañadas con ‘vermú’ en sus esquinas,

y punto de partida de itinerarios albaicineros.

Carrera del Darro… abierta herida al pie de los palacios,

despojada ya de la presencia de medina y lonjas,

obligado ventanal de imborrables ocasos veraniegos,

vínculo atávico con el barrio de la Almanzora.

Paseo de los Tristes… añejos cortejos hacia el camposanto,

refugio de trovadores, titiriteros y rapsodas,

túnel negro de esperanza del añorado Egea,

rampa de salida hacia la Granada musulmana.

Fuente del Avellano… extramuros asomada al río Darro,

emblemático cofrade de líricas y bucólicas academias:

Ganivet y Melchor Almagro entre álamos y avellanos,

siempre cercanos a los caños del Pilar del Toro.

Plaza de San Nicolás… balcón nazarí rodeado de cármenes

que filtran efluvios de galán de noche y azahar,

mudéjar reducto frente a la colina roja de la Alhambra,

admirada y familiar postal de visitas incesantes.

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© Antonio Fernández Ferrer. Adaptación del poema “Rincones granadinos”, incluido en el poemario Memoria del tiempo. Editorial Alhulia, 2013.

Juan de Loxa, la irreparable pérdida de un genio creativo

Hoy, 15 de Diciembre de 2017, se ha apagado la mente visionaria, rompedora, surrealista y transgresora del escritor y poeta JUAN DE LOXA. Nos hemos quedado huérfanos de su creatividad infatigable.

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En mayo de 2014 el XI FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE GRANADA le rindió un merecido homenaje por su labor incansable en el panorama cultural granadino, andaluz y universal, a través, fundamentalmente, de «POESÍA 70».

Recientemente (del 24 al 26 de Octubre de 2017), la Asociación Unigrama, formada por alumnos mayores de la UGR, junto a Fundación Caja Granada, Patronato de la Alhambra, Consejería de Cultura, y el Vicerrectorado de Extensión Universitaria, dedicó unas Jornadas dedicadas a Poesía 70 y Manifiesto Canción del Sur en el Aula Magna de la antigua Facultad de Medicina. Fue como una anticipada y premonitoria despedida de Juan en la que estuvimos acompañándole, ajenos a lo que hoy nos ha conmovido en nuestros adentros.

En estos tristes momentos, varias imágenes (siempre en color sepia, curiosamente) acuden sigilosas a mis recuerdos, y espero poder reflejarlas, a pesar de ya contar con su irreparable ausencia. Unos sencillos apuntes hilvanados en cumplida, pero ordenada, procesión de su impagable aportación a la cultura granadina.

Abriendo el cortejo figuraría lo que he dado en denominar ‘el triángulo de las Bermudas nazarí’, en el que pudiera inferirse como centro de la actividad cultural, bulliciosa y desenfrenada a veces, de una ciudad en plena efervescencia. Los vértices de esa figura geométrica triangular a la que aludo fueron la antigua Facultad de Letras, Bar Natalio (ambos lugares en calle Puentezuelas) y Bar Bimbela, en Carríl del Picón. Locales ya desaparecidos, obviamente. Asambleas de estudiantes y profesores (por supuesto sin el pertinente permiso de ‘la autoridad competente’) terminaban, casi siempre, acompañadas de redadas de la extinta Policía Armada o ‘grises’, en las que por el simple hecho de formar un ‘grupo superior a dos personas’ se consideraba altercado del orden público. Ante esta tesitura, lo indicado solía ser ‘buscar refugio’ en los bares anteriormente citados y mezclarse con la clientela.

La creatividad, el ansia de libertad de expresión y de reunión, la innegable oposición a un régimen dictatorial -ya caduco y cercano a su desaparición- de aquella juventud de los años setenta era evidente… pero aquellos años pasaban con una inusitada lentitud, y todo, aparentemente, no experimentaba el cambio hacia la democracia que se esperaba con inquietud y expectación. En este contexto social surgen alternativas culturales que pronto serán la referencia de muchos.

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Revista Nº O de POESÍA 70.

Juan de Loxa fue una de ellas. Por medio de un programa radiofónico en la Cadena de Emisoras de Radio Popular -con un soberbio equipo de locución formado por Jose María Barbero, Elodia R. Campra, Lola Martín, entre otros- comienza a dar cabida a poetas, diseñadores gráficos y creadores en general en lo que bautizó como «POESÍA 70». Pablo del Águila, Fanny Rubio, Carmelo y Claudio Sánchez Muros, José Heredia Maya, Juan J. León, Javier Egea, José Carlos Rosales, junto a Joaquín Sabina, Carlos Cano o Luis Eduardo Aute, componen parte de esa pléyade de escritores, y -en poco tiempo- el programa de radio traspasa las ondas y se hace Revista Literaria de calidad contrastada.

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Juan de Loxa y Rafael Alberti en Granada, 24 de febrero de 1980.

Pero Juan quiere ir más allá. Con Alberti se pregunta: “¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? ¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?…” Granada es tierra de música, de canción, y en Granada hay ‘materia prima’ suficiente como para dar el siguiente salto cultural: Crear una auténtica canción del Sur, como reivindicación paralela, amiga o correligionaria de movimientos músico-poéticos como la Nova Cançó catalana, la canción de autor aragonesa, la canción popular gallega, los cantautores de Euskadi…

Tras ir madurando este proyecto Juan de Loxa entra en contacto con algunos poetas que ya musicalizaban sus propias composiciones (Carlos Cano y Antonio Mata, entre otros) y hace su aparición «MANIFIESTO CANCIÓN DEL SUR» como la nueva canción andaluza que se desborda hacia todos los sures.

La palabra se convierte en canción, y con ella, una esperanza para tantos que veían pasar las horas sin que nadie le diera una explicación a aquello que veían en las calles, que leían en los diarios. La pregunta que Rafael Alberti lanzaba al aire estaba siendo respondida. Lentamente, pero con seguridad. Ya quedaba menos para alcanzar la añorada libertad. No contaban con miembros elitistas, era un movimiento cultural abierto a todo el que quisiera participar. Tenía el mismo valor el que subía al escenario con la guitarra en la mano (y con la censura acechando) que quien se sentaba en la butaca a corear las canciones.

En 1971 el proyecto se convierte en una realidad tangible, y a él nos unimos Pascual Pérez Chaparro, Esteban Valdivieso (como guitarra, arreglista y compositor -si bien, años más tarde, ya lo haría como cantautor-) y el que escribe. Grabábamos nuestras canciones en los estudios de Radio Popular de Granada, respaldados por el mismo equipo de profesionales que hacía los montajes de «POESÍA 70» (con la imprescindible Elodia Campra), y los programas salían al aire los martes a las cuatro de la tarde. El primer concierto conjunto se realiza en el Carmen de Rodríguez Acosta. Lleno completo para escuchar las propuestas-canciones de los que más tarde seríamos llamados ‘cantautores sociales comprometidos’…

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Después llegarían otros muchos ‘encuentros-recitales’ en colegios mayores de la universidad de Granada, en el Auditorio de la Facultad de Ciencias, en locales más reducidos y galerías de arte… El mecanismo de activación del público asistente era bien sencillo: emisión de los recitales de “Manifiesto” por la radio, unos cuantos carteles a colocar en lugares estratégicos de Granada, breves notas informativas en los diarios granadinos ‘Ideal’ y ‘Patria’, y el consabido ‘boca a boca’. Así de simple, y así de fácil, sin más parafernalia. Al teléfono móvil, e.mail, internet, redes sociales, cadenas de TV autonómicas, locales o privadas, vídeos, prensa digital, etc. les quedaban por delante algunos lustros para hacerse presentes…

«MANIFIESTO CANCIÓN DEL SUR» comenzaba a caminar, y siempre de la mano de este genio creativo insustituible: Juan de Loxa.

Descansa en paz y vuela alto, muy alto, querido amigo.

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© Antonio Fernández Ferrer, 15 de Diciembre de 2017