Noche mágica en Albuñuelas

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A mi amigo Colin Bertholet

El pasado mes de septiembre, concretamente el día 17, compartí momentos de risas incontroladas, hilarantes anécdotas y surrealistas historias con personas muy cercanas como Luis, Félix, Toñi, Charo y Adelina en un nuevo espectáculo titulado “¡Como en casa ni hablar!” de mis admirados Faemino y Cansado en el Teatro Isabel la Católica de Granada.

Después de una larga ovación final a su memorable actuación y de camino a la salida del patio de butacas mi cuñada Charo nos sorprendió con un breve comentario: “Acaba de dejarme un whatsapp mi hija Laura comentando algo sorprendente. En la calle os lo cuento”.

Ya en la Acera del Casino, a eso de las 11.30 de la noche, los cinco formamos un corro a su alrededor deseosos de conocer el enigmático mensaje de mi sobrina que, literalmente, decía así: “Me acaban de decir que en las Albuñuelas hay un acontecimiento musical increíble con productores y grupos ingleses y se espera que asista Paul Mac Cartney. Lo sabe muy poca gente”.

Los ojos de mi hermano Luis se abrieron hasta el infinito buscando los míos, incrédulos ante la noticia mas dejando entrever ese rictus que nos provoca la duda. “No es posible. Se hubiera filtrado por prensa, se hubiera comentado….pero…¿y si…? ¿qué perdemos si…?.” El sexteto se quedó sin palabras y nuestras miradas se entrecruzaban intentando encontrar una respuesta ante esa extraña situación… “¡¡Nos vamos!!”

Fuimos hasta el parking de Puerta Real y nos subimos en los dos coches en dirección a Albuñuelas. Son 38 kilómetros y no había otro plan alternativo para pasar el rato, así que nada perdíamos y, al menos, conoceríamos esa zona cercana a Dúrcal, Cónchar y Saleres, y además…¿y si…? La duda seguía corroyendo nuestras mentes…

Tras media hora conduciendo y al llegar a un lugar conocido como La Loma vimos una zona en la montaña en la que se adivinaba una enorme casa y terreno colindante totalmente iluminados con grandes focos y luces de diversos colores como una gran discoteca en la distancia…Mi hermano espetó: “¡¡Ahí está!!” El par de coches parecían predeterminados, con o sin nuestro permiso, a llegar a esa impactante visión en aquella oscura noche. Al llegar al pueblo de Albuñuelas observamos a un todo-terreno parado, con las luces traseras en posición de intermitencia y aparcamos junto a él. Una pareja de ingleses nos preguntó: “You know how to go up there?” (¿Sabéis como se sube allí?). Yo no pude contenerme y les pregunté: “What are you both looking for?” (¿Qué buscáis vosotros dos?). Me quedé esperando la respuesta que todos deseábamos oír y ese par de segundos se nos hicieron interminables. “Youth has invited us to the festival” (Youth nos ha invitado al festival.)

¿Youth? ¿Qué o quién era Youth? Nuestra inquietud y nuestro interés fue en aumento cuando el acompañante del inglés nos comentó que ya lo había localizado por su GPS, y nos indicaron que les siguiéramos. Allá fuimos detrás del Range Rover con matrícula británica y volante a la derecha.

Después de una decena de angostas curvas llegamos a una enorme explanada repleta de coches y autocaravanas, con varios vigilantes identificados que nos indicaron con sus linternas sitios para aparcar. Al salir de nuestros vehículos, a un kilómetro más o menos, se nos mostró majestuoso un gran caserón del que emergía una potente y poderosa música, estilos entremezclados de reggae, hip-hop, rock, blues, heavy…. Varios escenarios con una espectacular iluminación se presentaban ante nosotros.

Y de nuevo doce ojos atónitos, escépticos y recelosos volvían a examinarse y a preguntarse “¿Esto qué es?”.

Comenzamos a andar hacia aquella especie de ovni gigantesco y musical acompañados por otras personas, todas ellas de habla inglesa acercándonos paulatinamente a lo que se adivinaba como puerta de entrada al festival que nos habían comentado. Me retrasé unos pasos de mi gente para intentar captar algo de lo que hablaban nuestros efímeros y anglófonos compañeros de ruta hacia lo desconocido, y acerté a coger una frase al vuelo de lo que conversaban: “As we haven´t got invitation if any problem arise at the entrance just say Margaret send us. Ok?” (Ya que no tenemos invitación si hay algún problema en la puerta decid que nos envía Margaret).

Me apresuré a comentarlo con los míos y al llegar a la entrada el encargado de revisar y autorizar al personal nos preguntó si teníamos invitación a lo que yo le respondí que Margaret nos había dicho que podíamos asistir. Nos observó uno a uno como investigando si teníamos pinta de sospechosos de algo, y a continuación, nos hizo firmar un papel que, en resumen, informaba que la organización del evento no se hacía responsable si alguno de nosotros se comportaba indebidamente. Finalmente nos colocó, uno por uno, una pulserita que llevaba escrito “PURETONE RESONATE FESTIVAL 2016”. Ya estábamos dentro.

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Una ingente cantidad de personas se repartía en tres ambientes musicales diferenciados, mucha movida alternativa y multilingüe, ‘puretas’ de largas y canosas melenas, rastafaris varios sacados de su hábitat natural, individuos anclados en el flower-power de los 60, psicodelia, glam rock, new rave y todo aderezado por penetrantes efluvios a maría, cannabis, cáñamo indiano… Allí, en medio de esa heterogénea vorágine, fuimos deambulando durante un buen rato, husmeando y rastreando algún tipo de pista que nos condujera hacia nuestro objetivo ‘maccarniano’. Ni rastro.

Pedimos unas cervezas y comenzamos a recorrer las diferentes estancias de aquél enorme caserón donde, en cada rincón, se iban sucediendo escenas de lo más variopinto: grupos de meditación, parejas homos y heteros confiándose secretos inconfesables, canciones inglesas flotando en el aire y, sobresaliendo de forma esporádica pero constante, una figura alta, fuerte, con rubias rastas setentonas y voz potente que parecía controlar todo lo que se iba ‘cociendo’ en esa amalgama de acontecimientos.

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Todos le llamaban Youth y, tras preguntar a algunos de los presentes, era el organizador del evento, dueño de aquella enorme mansión. Me contaron que Martin Glover (su verdadero nombre) era un legendario productor musical y bajista del grupo Killing Joke. Ha producido a grupos como Kool and the Gang, Texas, Dido, Erasure, Bananarama, Blue Pearl, Guns & Roses, y solistas como Maria McKee, Tom Jones, Marc Almond y…¡¡¡¡Paul Mc Cartney!!!!

No pude resistirme a acercarme a la persona que me había hecho esa confidencia con la intención de tener -¡por fin!- una respuesta definitiva a nuestra extraña y mágica aventura. Y así lo hice.

Me senté junto a él, un hombre enjuto, cercano a las siete décadas, rostro castigado por mil correrías, surcado por marcadas arrugas y adornado por varios piercings en ambos lóbulos de sus orejas. Se asemejaba a Iggy Pop pero con ojos marrones. Sin pensarlo dos veces mantuvimos el siguiente diálogo:

“Excuse me, I have already seen Youth downstairs near the recording studio, but I would like to ask you another question, if you don´t mind.”

“Go on, mate. Nothing to do right now.”

“Is any important person coming here tonight?”

“Oh, there a lot of remarkable people all around this place. You see that man with beard at the bar? He is a composer and plays the electric guitar with The Egg. That woman next to him sings with Dub Trees, those two over there, with black caps, play percussion instruments in Tripswitch….”

“Sorry, but I´m referring to an icon, a myth….”

“Ja, ja….Just another one expecting Mac Cartney, ja, ja. To tell you the truth no, he is not coming, for sure. But, in fact, he came to Youth´s house two months ago, and recorded a pair of songs in the studio. Nobody knew it, he only spent three hours with two musicians. You know how these things are…after that, many people think they are going to have a ‘close encounter’ with him, ja, ja, ja. Not tonight, mate, not tonight.”

(“Perdona, acabo de ver a Youth abajo en el estudio, pero si no te importa me gustaría hacerte una pregunta” “Adelante, colega, no tengo nada que hacer” “¿Va a venir alguien importante esta noche?” “Bueno, hay mucha gente importante por aquí. Mira, aquél de la barba en la barra es compositor y guitarrista del grupo The Egg. La mujer de al lado canta en Dub Trees, aquellos dos con gorras negras son percusionistas de Tripswitch….” “Perdón, pero yo me refiero a un icono, a un mito….” “Ja, ja, ja. Otro que está esperando a Mac Cartney, ja, ja. En serio, no, no viene, te lo aseguro. Pero te diré que vino hace dos meses a esta casa, grabó un par de canciones en el estudio. Nadie lo sabía, sólo estuvo 3 horas con un par de músicos. Pero ya sabes como son estas cosas…desde entonces, mucha gente piensa que se va a encontrar con él por aquí, ja, ja. Esta noche no, colega, no.”)

Ya estaba claro, no sería esa noche, definitivamente. Me despedí de aquel personaje peculiar, llamado Nigel, con una cómplice sonrisa y un apretón de manos, y acudí a mi grupo a informar de la conversación. La duda ya estaba despejada, pero la noche no tenía porqué dejar de ser mágica, única y especial.

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Bajamos de nuevo al estudio (flanqueado de discos de oro y platino, portadas de elepés dedicados, fotos de Culture Club, U2, Pink Floyd…) donde, grupo tras grupo, solista tras solista, iban grabando uno o dos temas, con Youth como maestro de ceremonias, manejando una gran mesa de mezclas y rodeado de toda clase de instrumentos, algunos de lo más curioso. Un placer para la vista y el oído poder asistir, en silencio, a esas grabaciones espectaculares.

Cerca de las 4 de la mañana decidimos dejar atrás ese asombroso y surrealista lugar, un poco cariacontecidos sí, pero satisfechos de haber protagonizado y compartido -junto a todo aquel maremágnum de canciones, insólitos entes, músicos, creadores y numerosos artistas- una irrepetible, cautivadora y fascinante aventura nocturna difícil de olvidar.

Otra vez será. No perdemos la esperanza, dear Paul.

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© Antonio Fernández Ferrer, 22-12-2016

19-12-2016…16 rosas rojas

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Soplaban vientos del Sur en la alameda,
“y uno solo, caminando tras la estrella que se pierde”
no encontraba las huellas de lo ya pisado,
como si las hubiera borrado la escarcha de aquel diciembre.

Fuiste el vital y drástico torrente irrefrenable,
la reconfortante brisa balanceando la blanquiverde,
la mirada penetrante -furtiva y cómplice a la vez-,
las lorquianas gacelas y casidas reencarnadas en canción.

“Vengo de abajo cansado de tanta cuesta…”
con la miseria como esencial referente de lo inexplicable
y que “escucha el grito de los que sufren como animales, madre.”
Tú, impenitente y rebelde agitador de conciencias inconscientes.

Cuántos versos por escribir aún te reclaman impotentes,
irónico viajero de corazón neoyorquinamente granaíno,
mientras dieciséis rosas rojas adornan tus rizos indomables
como fieles acólitos en esta ceremonial catarsis.

Hoy, Carlos, “la luz del cielo baña tu frente”,
y nos saluda con olores a romero y hierbabuena.
Luz ya ajada, pero emisaria permanente de tu ausencia:
“sorbo a sorbo bebe en la amargura la paloma.”

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© Antonio Fernández Ferrer en el XVI aniversario de un viaje al infinito.

Insustituible Cohen (1934-2016)

Coachella Valley Music & Arts Festival 2009 - Day 1               

         “Como pájaro en el alambre, como un borracho en el coro de medianoche,                         he intentado, a mi manera, ser libre”.

Nos ha dejado huérfanos de su excelencia poética inimitable, su candidez y cercanía nos seguirá susurrando versos cargados de belleza y la armonía de sus canciones quedará para siempre flotando en el aire. Su último trabajo “You want it darker”, producido por su hijo Adam el pasado mes de octubre, ha sido una premonición de su visionaria manera de observar la vida: una meditación poéticamente admirable sobre el desenlace final. Grande entre los más grandes, Leonard Norman Cohen ya habita en los límites del infinito… so long, old friend!!

Nacido en Montreal (Canadá), hijo de emigrantes judíos, realiza sus estudios de Primaria en una escuela hebrea. Su padre, propietario de un taller de confección, muere cuando Leonard tiene sólo 9 años. Pronto comienza a interesarse en la lectura y la música, y en 1941 ingresa en la Universidad McGill para estudiar Literatura Inglesa. Allí conoce a dos compañeros con sus mismas inclinaciones musicales, y forman el trío “The Bucksin Boys”, dedicándose a tocar y cantar música ‘country’. Las relaciones con su madre nunca fueron buenas y, tras numerosos enfrentamientos, decide independizarse, cuando estaba en tercer año de carrera.

Su insaciable afición a la lectura, y en particular a la poesía, le conduce hacia la creación propia, y escribe su primer libro de poemas, “Let´s compare mythologies”, en 1956, una colección de 45 poemas dedicados a Nathan B. Cohen, su padre, que contienen las huellas de la religión judía y católica. El libro no llega a muchos, y su anhelada independencia, junto al internamiento de su madre en un hospital psiquiátrico, hacen que Cohen decida buscar trabajo. Ya había terminado su carrera y obtuvo una beca para preparar el grado de licenciatura en Columbia, pero la rechazó. Trabaja en una fundición de cobre, sin apenas tiempo para la lectura y escribir, pero sí para, al menos, tener unos ingresos para posteriores “empresas”. Un año fue suficiente, como experiencia.

En 1961, Cohen ve publicada su segunda colección de poemas: “The spice box of earth” que dedica a sus abuelos. Su estilo profundo y lírico, así como la composición de poemas a personajes y conceptos que admiraba (Van Gogh, Chagall, el Haiku y alusiones a su querido y admirado Federico García Lorca, del que había leído de niño “Poeta en Nueva York”) le hicieron obtener un premio en metálico del Gobierno canadiense, y el reconocimiento a nivel internacional: podía permitirse dejar Norteamérica y realizar su ansiado viaje a Europa. En su primer libro Cohen ya reflejaba su interés por la cultura helénica y mediterránea por lo que, no es de extrañar, que eligiera Grecia para establecerse: en la isla griega de Hydra pasa siete años, durante los cuales conoce a Marianne Jonson, con la que, posteriomente, comparte piso. Escribe otros dos libros de poesía: el controvertido “Flowers for Hitler” (1964), sobrecogedora descripción de los campos de concentración nazis y deliberada desmitificación del Leonard Cohen romántico y dulce, y “Parasites of Heaven” (1966). Publica también dos libros en prosa, las novelas “The favourite game” (1963), su retrato del artista como joven judío en Montreal (en clara alusión al libro de James Joyce)  y “Beautiful losers” (1966), epopeya religiosa de incomparable belleza. Su incursión en la novela alcanza un éxito insospechado, en poco tiempo se venden en Estados Unidos más de 300.000 ejemplares, y son reeditados continuamente. El ‘Boston Globe’ llegó a decir: “James Joyce no ha muerto. Es de Montreal y tiene el apellido Cohen”.

Dejando atrás su ‘período hogareño’, acomodado y de relajación, que propiciaba su creatividad, Cohen vuelve a Norteamérica decidido a comenzar su carrera como cantautor, aunque el mismo reconocía: “Padezco tres grandes desgracias: una voz horrible; soy pequeño, con el rostro demacrado con ciertos vestigios de mi acné juvenil; y realmente tengo el aire de un judío… pero creo que toco bien la guitarra”. En 1967 hace su debut en el Festival Folk de Newport, llamando la atención del legendario John Hammond de Columbia Records. En la Navidad de ese año, su álbum The songs of Leonard Cohen ya se estaba distribuyendo. El éxito fue inmediato y sus canciones “Suzanne” y “Bird on the wire” se han convertido en referentes indispensables de la música folk. Sin embargo, Leonard no podía dejar de escribir su obra poética y así en 1968 publica “Selected Poems: 1956/1968”, por el que obtuvo el Premio Gobernador General, la más alta distinción literaria canadiense, pero Cohen no acude a recogerlo.

La capacidad creativa de Leonard Cohen no conocía el descanso y en 1969 sale a la luz su segundo disco Songs from my room, y en 1971 Songs of love and hate. Al año siguiente se publica un nuevo libro de poemas de Cohen “The energy of slaves” y su primer álbum en directo Live songs. A partir de 1973, Cohen se toma unos años sabáticos, merecidos sin duda, y solamente se publica el álbum de éxitos Best of Leonard Cohen en 1975.

Su vuelta al mundo de la música se produce en 1977 con uno de sus discos más curiosos e intrigantes Death of  a ladies´ man. Lo que comenzó con una relación difícil con el productor Phil Spector, terminó con la exclusión de Cohen en las mezclas y masterizaciones del álbum. Leonard admitió que fue un auténtico desastre, ya que Phil hizo las mezclas de voces rodeado de vigilantes jurados. “Era una guerra, o alquilaba mi propio ejército o cedía”. Y cedió.

Recent songs (1979) contó, obviamente, con otro productor llamado Henry Lewy que, con anterioridad, había trabajado con Joni Mitchel. Las canciones describían las vicisitudes de la pareja, pero también comenzaban a vislumbrarse incursiones de Cohen en temas religiosos. En 1984 publicó el libro “The Book of Mercy” una colección bellísima y profunda de meditaciones poéticas. Al año siguiente edita Various positions, que fue la expresión máxima de sus preocupaciones religiosas, que incluye salmos contemporáneos, nacidos de una lucha espiritual larga y difícil. Cohen había sido educado en una religión judía en una ciudad muy católica y este hecho se refleja en su producción musical.

I´m your man, álbum de timbres eléctricos con canciones tan clásicas como “First we take Manhattan”, “Ain´t no cure for love”…, fue editado en 1988, siendo uno de los discos más vendidos del año. En 1992, en lugar de publicar un libro de poemas, los musicaliza y se edita The future, álbum repleto de diatribas y meditaciones con una estremecedora visión del fracaso humano. Su segundo disco en directo, Cohen live contiene versiones de temas ya grabados junto a canciones nuevas como “Everybody knows y “Dance me to the end of love”. Otra recopilación de sus canciones vuelve a hacerse en 1997 con More Best of Leonard Cohen.

Desde principios de los 90, la vida del canadiense ha estado muy ligada a la cultura Zen. En las afueras de Los Ángeles, en un monasterio a 2.000 metros de altitud, Cohen se tomaba muy en serio una de las filosofías más antiguas y generosas del mundo. En 1996 fue ordenado monje zen con el alias “Jikan” (aquél que es silencioso). La introspección como terapia y la resolución de problemas y depresiones desde la base han ayudado a Cohen los últimos años: “nuestra mente sólo nos ofrece tres respuestas: si, no y quizás. Esas respuestas no son generalmente satisfactorias para las preguntas profundas, de manera que estamos siempre ansiosos, es nuestro hábitat natural. Pero hay individuos que emergen de esto y nos ayudan”.

AM Records editó el homenaje Tower of song: the songs of Leonard Cohen en el que participan Bono, Sting and the Chieftains, Peter Gabriel, Billy Joel y Suzanne Vega.

Leonard Cohen ha producido, a lo largo de los años, una serie de obras que continúan desafiando el paso del tiempo. Sus trabajos nos ofrecen una visión del mundo tan potente que, a veces, nos lastima, y esa experiencia tiene el mismo efecto que provocan las grandes obras literarias: cambiarnos para siempre. Cohen habla más que canta, con una voz adecuada para sus austeros lamentos, es la voz de la madurez tranquila y sosegada, la voz rota y suave de la experiencia.” 

(Extracto del capítulo III de La Canción Folk Norteamericana, Editorial Universidad de Granada, 2007)

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© Antonio Fernández Ferrer, 11 de noviembre de 2016.

Robert Allen Zimmerman, Premio Nobel de Literatura 2016

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«La influencia de Bob Dylan en la música popular en lengua inglesa, es inconmensurable. Como compositor, Dylan es el pionero de diferentes escuelas de composición musical pop, desde cantautores confesionales a escritores de narrativa. Como vocalista, rompió con el estereotipo del intérprete con una buena voz, redefiniendo, con su especial forma interpretativa, los conceptos de un vocalista de música popular y su manera de comunicarla. Su voz es cualquier cosa menos bonita, parece como si tratara, conscientemente, de capturar la ruda belleza de la voz de un granjero de los estados del Sur que estuviera cantando en su porche; toda esa crudeza y naturalidad permanecen en sus notas, y sus canciones tienen una impresionante intensidad. Como músico, se adentró en diferentes géneros, desde el folk purista, al folk-rock y al rock-country.

Bob entró en contacto con toda la generación de poetas, escritores y artistas que, encabezados por Allen Ginsberg y Jack Kerouac, habían provocado en la década de los cincuenta una verdadera revolución cultural dentro de la literatura norteamericana de postguerra: la Generación Beat. Rechazando el ‘American way of life’ y el papel de los intelectuales, con una fuerte dosis de nihilismo y anarquismo, herederos del vitalismo de Walt Whitman, seguidores de la filosofía oriental y de la marihuana, los poetas ‘beatnik’ ejercieron una poderosa influencia en la canción popular norteamericana.

Inspirado en los poetas John Keats y Rimbaud, su estilo literario ha ido ganando en calidad evocativa con una frescura casi desvergonzada. Bob va expandiendo sus fronteras musicales y abre, con ello, la puerta a toda clase de influencias: folk, folk-rock, blues-folk, rock & blues… extrañas para algunos, innovadoras y espectaculares para otros. Originales para todos.»

Valga esta modesta aportación para celebrar este gran acontecimiento literario al indiscutible creador de un nuevo estilo de lenguaje poético en la tradición americana de la canción de autor.

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© Antonio Fernández Ferrer. Extracto del libro “La Canción Folk Norteamericana: Cantautores y Textos”. 475 págs. ISBN 978-84338-4594-8. Editorial Universidad de Granada, 2007.

Versos de otoño

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Va palideciendo la tarde
como presagio de una noche oscura
y cadavérica,
dejando aromas a tierra mojada,
añorada compañera en estivales encuentros.

Va tornándose el horizonte
-embellecido por algodonadas nubes en reposo-
en un irreconocible cómplice de nostalgias,
collage sepia y anaranjado
que presagia presencias de Van Gogh
como tenaz aliado de una extraviada estrella,
irremediablemente solitaria.

El crepúsculo se hace presente
y se dispone, receloso,
a la habitual deshonra de una virginal jornada,
acicalada por la lluvia en sus pupilas,
como lágrimas de impotencia
ante la cita diaria y sistemática,
en la que se ofrece sumisa en sacrificio
a la insalvable noche venidera.

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© Antonio Fernández Ferrer. Del poemario inédito “Donde termina el silencio”.

Monodialogando con el brexit

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“Pues se ha consumado. Los británicos deciden tirar p’alante sin Europa. Esto del brexit me deja descolocado, aunque he de admitir que siempre me han parecido muy suyos, como sabiendo que pueden autoabastecerse, hacer política y resetearse sin necesidad del amparo de la UE”.

“Da la impresión de que ya echaras de menos su pertenencia a estos pretenciosos Estados Unidos Europeos. ¿Alguna vez has dudado sobre su extraña alianza con el viejo continente? Esa particular manera de estar sin estar, de mantener su moneda frente al euro, de no implicarse en determinadas medidas político-económicas que pudieran salpicar su inmaculada pseudo-independencia eran los polvos que nos traen estos lodos. Además te diré que, frente a esos augurios que ahora vaticinan un hundimiento de su economía, bajada de sus bolsas, etc. los británicos siempre tendrán a mano esa palabreja de la commonwealth que es, ni más ni menos, su tabla de salvación: ese mercado común paralelo que nunca les fallará: ‘aliados omnipresenciales’ como Canadá, India, Jamaica, Australia, Nueva Zelanda, Camerún, Nigeria…Esa mancomunidad de 53 naciones que le seguirán fieles, aunque cada vez menos sumisos”.

“Entiendo tu moderado optimismo. Sin embargo también pienso que puede quedar un país dividido socialmente por edades (los jóvenes por la UE, los mayores en contra), por clases (la burguesía por la UE, la vieja clase obrera en contra), por territorios (grandes ciudades a favor, el país profundo en contra) y por las viejas naciones británicas (Escocia e Irlanda del Norte a favor, Gales e Inglaterra en contra), incluso con un parlamento que ya no está en sintonía con la población respecto a la UE. En fin que las consecuencias podrían ser serias y largas…Esperemos que lo de ayer, 23 de junio de 2016, no sea el germen de algo más profundo”.

“Vale, vale…no te pongas melodramático. Aceptemos que ha sido su decisión mayoritaria y democrática. A ver qué pasa pasado mañana con nosotros. ¡Ah, y Donald Trump como unas castañuelas! Pena, penita pena…”.

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© Antonio Fernández Ferrer, 24 de Junio de 2016.

 

El trascendentalismo y Emerson

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De 1830 a 1840 la sociedad norteamericana comenzó a poner en marcha su actitud expansiva hacia el Oeste como ampliación de fronteras no sólo de carácter físico sino también de pensamiento. Sin embargo, en las ciudades de la costa Este, el antiguo -y desfasado para muchos- ideal de nación como comunidad atlántica había experimentado un fuerte impulso, potenciando como centros-modelo de cultura nacional a los estados de Massachusetts y Virginia.

En esos años, Boston y las ciudades y localidades limítrofes estaban en plena ebullición de actividad cultural. Entre los jóvenes intelectuales se comenzaba a hablar de una nueva era espiritual, como respuesta a la profunda insatisfacción frente al viejo patriotismo. La riqueza y el poder de América no les interesaban, deseaban explorar el mundo clásico, la filosofía y la vida interior. Estudiaban las corrientes literarias griegas, la filosofía alemana y entraron en contacto con lecturas de la India.

En el centro de esta actividad cultural e intelectual se encontraban los “trascendentalistas”, que fundaron un movimiento más dedicado a la profundización en el sentimiento y en las creencias que a un sistema filosófico. Enfrentados frontalmente con el puritanismo conservador y el unitarismo -como movimiento cristiano que no aceptaba el concepto de Trinidad divina- de sus antepasados, consideraban estas concepciones religiosas como frías, negativas y sin vida. Su doctrina se centraba en el descubrimiento de la verdad a través del sentimiento y de la intuición más que por medio de la lógica: la capacidad de conocimiento intuitivo de la verdad, trascendiendo los sentidos.

El Trascendentalismo no puede entenderse sin tener en cuenta el contexto de la iglesia Unitaria, religión dominante en la Nueva Inglaterra del siglo XIX. El “unitarismo” se había desarrollado a finales del siglo XVIII como un apéndice del ala liberal del cristianismo, separada del cristianismo ortodoxo durante la década de 1740-50. La filosofía unitaria reforzaba la importancia de la conducta ética voluntaria y la habilidad del intelecto para discernir lo que constituía una conducta ética o moral.

Según su particular “teología natural” el individuo tiene capacidad – por medio de la investigación empírica o del razonamiento – para descubrir la naturaleza ordenada y benevolente del universo y de las leyes divinas. La revelación divina sería un proceso externo que confirmaría los logros de la razón.

Pero, como movimiento enraizado en el pasado americano, el trascendentalismo debe al “puritanismo” su moralidad persuasiva y la doctrina de la luz divina, similar a la denominada luz interior cuáquera; al “movimiento romántico” le debe el concepto de naturaleza como misterio vivo, no como universo mecánico -deísmo- fijo y permanente.

No podemos aventurar una causa específica del comienzo del trascendentalismo en la sociedad americana pero sí podríamos enumerar algunos acontecimientos o tendencias independientes que pudieran haber desencadenado ese nacimiento en Nueva Inglaterra.

A principios del siglo XIX, en Harvard, Massachussetts, donde se educaban esas jóvenes generaciones de trascendentalistas, comenzó la ruptura entre éstos y los unitaristas. El trascendentalismo tenía su base en el romanticismo inglés y alemán, particularmente en Coleridge, Wordsworth y Goethe, y en el idealismo post-kantiano de Thomas Carlyle. Bajo esta influencia los trascendentalistas desarrollaron sus ideas sobre la intuición o la razón humana.

Para ellos, y para los románticos, la intuición subjetiva era una fuente de verdad tan aceptable como lo era la investigación empírica que caracterizaba al deísmo y a la teología natural de los unitaristas.

El pensamiento trascendentalista estaba basado en los siguientes principios: la unidad esencial de toda la Creación, la bondad innata del ser humano, la supremacía del “insight” (lo intuitivo) sobre la lógica y la experiencia, y la tendencia a la unión de lo individual y lo universal.

Ecléctico y cosmopolita, el Movimiento Trascendentalista propugnaba que el alma de cada individuo es idéntica al espíritu universal. El hombre puede desarrollar sus potencialidades divinas, ya sea a través de un éxtasis místico o entrando en contacto con la verdad, la belleza y la bondad encarnadas en la naturaleza: la fuerza vital, incluso Dios, pueden encontrarse en cualquier sitio, ir a lugares sagrados no es necesario, no facilita esa búsqueda.

El poeta y ensayista Ralph Waldo Emerson (1803-82) fue su figura más relevante. Nacido en Boston, educado en Harvard y pastor de la Iglesia Unitaria durante un largo período de su vida, su lenguaje idealista y su fe ciega en el poder del alma y la bondad de la naturaleza le llevaron a creer que el hombre podría ser el dueño absoluto del universo, siempre que llegara a identificarse con éste en su esencia más divina. El mensaje emersoniano alentaba al individuo a romper con la tiranía de la tradición y alcanzar la libertad que conduce a la realización de uno mismo. Su primer ensayo, Nature, encierra todos los principios de su doctrina. La naturaleza no es estática sino fluida, el espíritu la modifica, la moldea.

Después de abandonar su ministerio, Emerson viajó a Europa, de donde vuelve pletórico de ideas nuevas y con una orientación tan vital que, a pesar de haber abandonado su relación con el púlpito, lograba que la gente se aglomerara para escucharle. Alrededor de él giraba el mundo intelectual de la ciudad de Concord (Massachusetts), en la que se había instalado, y desde ahí extendió su influencia a toda Norteamérica. Emerson preconizaba que toda la humanidad era una sola cosa, unida por medio de una consciencia común. El movimiento trascendentalista rechazaba los convencionalismos del siglo XVIII y, tras manifestar su disconformidad con el unitarismo, acabaron por repudiar todo el orden establecido, defendiendo reformas que afectaban a la iglesia, al estado y a la sociedad en general.

Los trascendentalistas contribuyeron notablemente en los movimientos de la Free Church y en la abolición de la esclavitud: esta creencia romántica, idealista y mística, era más un patrón de pensamiento que una filosofía sistemática, y muchas de sus ideas provenían de la Crítica de la razón práctica, 1788, de Kant (J.D. HART).

El mensaje emersoniano alentaba al individuo a romper con la tiranía de la tradición y alcanzar la última libertad, la que conduce a la realización de uno mismo. Emerson señalaba la necesidad de defender la independencia individual despreciando la imitación que dominaba el conformismo, de olvidar lo que la gente pueda pensar, de confiar en el instinto, vencer la duda y enarbolar la bandera de la fe y el optimismo (mensaje renovador por excelencia, por cierto). En su ensayo The Poet condena a los artífices de la palabra, demanda que la verdad logre su supremacía, y reclama que el relato sea la sublimación de la propia existencia. Para Emerson, el verdadero poeta no era el arquitecto de la forma y la métrica, porque la experiencia de cada nueva era requiere una nueva dimensión estética.

Al convertirse el trascendentalismo en factor dominante en el pensamiento del siglo XIX, muchos poetas, novelistas y ensayistas coetáneos al movimiento fueron considerados “trascendentalistas”, tal vez sin serlo.

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© Antonio Fernández Ferrer