Corrupción y democracia

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Viendo anoche el programa de Jordi Évole dedicado a la corrupción y siguiendo atentamente la entrevista que le hizo al Presidente del Parlamento danés Mogens Lykketoft, el único -y profundamente triste- pensamiento que se me vino a la cabeza fue el desencanto y la vergüenza que, como españoles, debiéramos sentir por la imagen que unos cuantos indeseables y despreciables paisanos -cada vez más numerosos- ofrecen al mundo. A Lykketoft se le preguntó sobre los casos de corrupción en Dinamarca, siendo el estupor y la sorpresa, reflejada en su rostro, la respuesta más inmediata: “Son muy pocos los políticos que se han aprovechado de su cargo para enriquecerse en Dinamarca. El ministro de Justicia del Gobierno actual tuvo que dimitir porque la mayoría parlamentaria dijo que había facilitado información errónea al Parlamento, y eso es inaceptable. Se tuvo que ir”. A continuación Évole fue cuestionando, a pie de calle, a ciudadanos de Copenhague si recordaban algunos casos de corrupción política en su país, a lo que la inmensa mayoría respondía con una tajante negativa, reconociéndolo como algo impensable en una sociedad moderna, democrática y desarrollada.

Por contra, la estadística muestra que en España hay más de 1.900 personas imputadas en causas abiertas por corrupción y al menos 170 han sido condenadas por este tipo de delitos en la última legislatura. No obstante, la mayoría de estos condenados no están en prisión, ya sea porque se les impuso una pena de cárcel que no les obligaba a ingresar, porque únicamente fueron inhabilitados o multados o porque aún tienen recursos pendientes.

Según Europa Press, entre los imputados y condenados hay personas que han ocupado cargos en partidos políticos o en la Administración Pública -a todos los niveles- y también empresarios, abogados, sindicalistas y familiares de todos ellos, principalmente por corrupción urbanística, fraude fiscal y contratación irregular tanto de personal como de empresas.

“Los casos de corrupción afectan sobre todo al PP y al PSOE, pero también a formaciones regionales como CiU, UM o Coalición Canaria. Algunos de los implicados han evitado dimitir alegando que aún no había finalizado la instrucción de la causa, pero a raíz de los resultados de las pasadas elecciones europeas del 25 de mayo los partidos se están viendo obligados a exigir dimisiones más rápido.”  (El Huffington Post, 2-XI-2104).

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© Antonio Fernández Ferrer

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Textos que comparto (14)

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VIOLENCIA DE GÉNERO

«La violencia contra las mujeres -y el feminicidio, considerado la forma más extrema de violencia- no es una cuestión de países ricos o pobres, ni de países con una cultura musulmana o católica, ni siquiera de países de izquierdas o de derechas. La violencia contra las mujeres es un problema global, de sociedades más o menos igualitarias, donde la defensa de los derechos humanos estaría por encima de diferencias de género, étnicas, culturales, políticas, de religión o ideología.

…Nuestras sociedades son cada vez menos tolerantes hacia la violencia contra las mujeres, nos escandalizamos cada vez más con las cifras de mujeres asesinadas; sin embargo la sociedad no exige de manera unánime y contundente a los gobiernos que se apliquen políticas públicas que afronten de manera eficaz esta problemática. ¿Cómo poner verdaderamente esta cuestión en la agenda política? Precisamente sobre esta cuestión debatieron más de 30 organizaciones latinoamericanas y europeas en el II Seminario Internacional sobre feminicidio celebrado en Madrid la semana pasada.»

(Leer artículo completo en “La violencia de género es un problema de salud pública” de Carolina García Toledano.)

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Textos que comparto (12)

¿POLÍTICA?

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«Llamamos política a demasiadas cosas: desde la abdicación a una corona a la infinita inhumanidad de un sirio, hijo de otro que reorganizó a su manera el país (matando, persiguiendo, exiliando, arrasando), y osa ahora ser elegido por los supervivientes frente a competencias ficticias, superiores a él en todo caso.

Llamamos política a los enriquecimientos de ladrones; a la exaltación de lugares inventados y dioses vengativos; al secuestro de niñas indefensas; a la exacerbación del mal respondiendo al mal y consiguiendo, como sucede con la escalada yihadista, aterrorizar a los propios terroristas…

Habitamos un mundo desquiciado, en el que una docena o menos de monstruos desalmados, con o sin el pretexto de ser portavoces de dioses, se cargan la vida (humana, geográfica e histórica) en cualquier continente. Habría que detener este abuso burlesco que lo único que consigue es demostrar la inexistencia de dios, cuya infinita paciencia no habría resistido tales retos ni tamaños pecados que saltan a la vista y le sacan los ojos.

El ser humano, aburrido, está fuera de quicio. No hay ninguna autoridad, serena y con poder bastante para no alardear, que con su presencia y su orden aplaque a los despreciables enemigos comunes.»

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© Antonio Gala. ‘El País’. 12 de Junio de 2014.

Textos que comparto (11)

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POLÍTICOS QUE DIMITEN

«En Inglaterra, la gente es muy rara. Además de colocar el volante a la derecha, sus políticos dimiten. Para colmo de rarezas, las dimisiones se producen tanto en el ámbito de la derecha como en el de la izquierda. Hace unas semanas, sin ir más lejos, renunció la ministra de Cultura por endosar al erario público unos recibos de la hipoteca de una segunda vivienda. Allí son tan exagerados con estos pequeños excesos, que se llegó a crear una comisión formada por personas independientes para abrir una investigación. Y el dictamen final fue algo impensable en España, ya que se le pidió a la ministra que devolviera el dinero.

La historia es todavía más inaudita. La ministra, antes de dimitir, decidió acudir al Parlamento a ofrecer excusas. Las explicaciones duraron 32 segundos exactos, lo que indignó a la oposición y también —y aquí llega lo sorprendente— a los diputados de su propio partido, que le exigieron su dimisión a pesar de que el presidente del Gobierno, David Cameron, había tratado de exculparla. Como entiendo que el caso es difícil de asimilar desde España, le voy les a insistir en los detalles no vayan a quedar dudas de lo sucedido: los diputados del partido en el Gobierno pidieron la dimisión de la ministra y enmendaron la plana a su presidente.

Tengo un amigo que dice que tiene un primo que conoce a su vez a un vecino que dice que un día estuvo con un tipo que recordaba que en una ocasión ocurrió algo parecido en España. Lo he intentado buscar en las hemerotecas y no he localizado nada que se asemeje a lo sucedido con esta ministra. O pasó hace mucho tiempo o este hombre se confundió con algo que leyó de otros países europeos, donde cuentan que allí se dimite por plagiar una tesis electoral o endosar una multa de tráfico a su esposa. Decían que en Australia, el primer ministro de Nueva Gales del Sur, dimitió por negar que un ejecutivo de una empresa le había regalado una botella de vino.

De todo, lo que más anonadado me tiene es que el Parlamento británico no se conformara con la explicación de 32 segundos de la ministra. Medio minuto en España de un político ofreciendo excusas tras ser pillado en un escándalo es una conferencia. En España no hay un caso de corrupción cuya protagonista haya dado una explicación que alcanzara 20 segundos seguidos. Y encima por el gasto en una vivienda. En nuestro Congreso de los Diputados hay 62 parlamentarios que fueron elegidos en circunscripciones distintas a Madrid, pero que poseen una o varias viviendas en la capital de España y cobran 1.800 euros por manutención y alojamiento.

¿Ustedes han escuchado alguna vez a alguno de ellos dedicar 32 segundos a explicarlo?»

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© José Manuel Atencia. ‘El País-Andalucía’. 17 abril 2014.

Textos que comparto (10)

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Antonio Gala en el acto de entrega de la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga (18-III-2014)

“Y yo me iré,
y se quedarán los pájaros cantando,
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco…”
(Juan Ramón Jiménez, «Viaje definitivo»)
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 LOS ADIOSES

«¡Con qué desenvoltura decimos adiós! Decir adiós es fácil cuando uno sabe que es, en realidad, un “hasta pronto”, un aplazamiento, el anuncio de una ausencia que no va a ser definitiva. Por eso es tan sencillo usar un formulismo que casi nunca es meditado, que pocas veces es realmente asumido. Pero qué difícil debe ser decir adiós cuando es una exactitud. Qué duro debe ser irse sabiendo que de verdad te vas, que no vas a volver.

Antonio Gala Velasco nos dijo adiós la otra noche, cuando se dispuso a recoger la Medalla de Oro que le ofreció el Ateneo de Málaga. Con toda la belleza del hombre que termina una tarea y se marcha a descansar, con la rotunda serenidad y la sencilla elegancia de quien da por concluido el camino, aunque el camino siga, Antonio Gala nos dijo adiós, un adiós tan de verdad que se nos quedaron ateridas las almas. “He venido a Málaga a despedirme de la vida”, dijo con un hilo de voz que, sin embargo, llegó más lejos que cualquier bramido estúpido de esos que se oyen a diario, demostrando una vez más que la emoción no necesita aumentar el volumen para subir tan alto, tan alto, que da a la caza alcance. Gala, con su adiós, conmocionó a quienes le escuchábamos porque fuimos conscientes de que su adiós era tan implacable como valiente y digno, tanto como hermosa y lúcida era su entereza. ¡Ah los poetas, enseñándonos siempre cómo andar por la vida y por la muerte!

No elegimos dónde nacer, pero a veces puede concurrir la circunstancia de que te sea dado escoger la tierra donde mueres, y Gala ha preferido hacerlo en este “anticipo del Paraíso al que no iré”, como dijo refiriéndose a la ciudad malagueña a la que ama más que a ninguna otra y tanto como solo ama a Córdoba.

Uno anda siempre preguntándose qué habrá tras la cortina, si se prenderá una luz cuando la luz se apague, si será verdad aquello que nos contaron o acaso no es nada más que un modo simple de consuelo. A uno le gustaría creer que allí, al otro lado, hay también una playa donde juega el niño que fue, y que quienes se fueron antes están esperándote con la mesa puesta bajo un sol tibio de junio. A uno le gustaría creer que todo eso le está aguardando y que el adiós nunca es posible. A uno le gustaría, cuando le estremecen la duda y el miedo, ser tan entero y tan sublime como un poeta que se despide.»

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© Juan Gaitán. “La Opinión de Málaga”, 21 marzo de 2014.

Definiendo a Andalucía…

V FORO ENCUENTRO JUSTICIA E INFANCIA

Hay que ser bastante atrevido, engreído, presuntuoso, soberbio y, por ende, estúpidamente altivo como para arrogarse el derecho de opinar de algo que se desconoce en sus auténticas raíces. Ruiz Gallardón -aquél que muchos, ingenuamente ilusos, consideraban posible candidato a encabezar un PP centrado, coherente y cercano a posturas socialdemocrátas- ha vuelto a meterse en jardines insalvables, a pisar charcos que sólo salpican ignorancia, desconocimiento y actitudes retrógadas y trasnochadas a todos los sufridos españoles. Con lo fácil que puede resultar para algunos permanecer ajenos y en silencio, y salir en la foto -al menos- con cierta dignidad, aunque muchos lo consideremos una ‘pose fingida’… Pero nada, ahí siguen haciéndose notar, despotricando contra todo y dejando en evidencia su incultura.

Valga esta introducción como antesala del excelente artículo publicado el 13 de marzo en “El Correo de Andalucía” por Juan José Téllez, amigo en el ‘feisbuk’ y colega en los blogs, bajo el epígrafe ‘Lo que define a Andalucía’, del que reproduzco los siguientes párrafos: «Lo dijo don Albertito en el Congreso de los Diputados con ese acento suyo “como muy, como muy…”: lo que define a Andalucía es el paro. Bueno, digo yo, quizá también el ojú que frío, el yunque de los martinetes y el moreno albañil, la maleta de cartón en los trasmiserianos o el tupperware y el microchip de la emigración contemporánea. La biutiful pipol, también, los sindicalistas que no mangan, el cortijero que hizo la reforma agraria a golpe de subvención comunitaria, los empresarios que no quieren ser patronos y los patronos que nunca quisieron ser empresarios.

Gallardón lo dijo, como quien no quiere la cosa, que lo que define a Andalucía es el fracaso escolar. Alberti fue un estudiante fracasado y lo tuvieron que internar en los jesuitas como a Juan Ramón. Qué fracaso de Sierra Mágina en el negro sobre blanco de Muñoz Molina, qué informe Pisa el del brasero de Antonio Machado en su clase de Baeza, qué tumulto de aulas donde sólo fracasan aquellos que buscan ghettos de primera infancia para que nunca sepan todo lo que debieran saber aquellos que no saben.»

Esas ‘lindezas’ que, según el ministro cejiblanco, definen a Andalucía (el paro, la educación y otras que enumera Téllez en su escrito citado) suponen -en mi modesta opinión- un agresión en toda regla a nuestra tierra andaluza y una falta de respeto sin precedentes que coloca al actual ministro Gallardón en los límites de la ultraderecha más recalcitrante y añeja. Como era de esperar (qué otra cosa pueden hacer) el Partido Popular andaluz ha matizado las declaraciones realizadas por el ministro de Justicia sobre Andalucía y ha argumentado como excusa que “en realidad no se refería a toda la comunidad sino a una determinada forma de gobernar y gestionar Andalucía…” 

¡País….!

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© Antonio Fernández Ferrer

Textos que comparto (9)

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Pablo Alcázar López

«El Ayuntamiento de Alicante ha encontrado la manera de evitar que los pobres, salvo los enanos, se arrellanen muellemente en los bancos públicos de la ciudad, afeando el paisaje urbano con su impertinente presencia. Inteligentemente, ha modificado los antiguos bancos de varias plazas colocándoles una barra de hierro en medio. Pero los pobres son tan acomodaticios que muy pronto comenzarán a nacer partidos para disfrutar de los bancos públicos o sin piernas o cortos de estatura. No sé si fue Diderot el que propuso hace tiempo que se fabricaran pobres sin estómago. Darían menos la lata. Y sin mugre.

Y lo ideal, se me ocurre, sería sembrar las ciudades de ectoplasmas de pobre. Aunque no creo que debamos fabricar el pobre perfecto, porque las damas de beneficencia tendrían que volver en masa al bingo. O a los rastrillos de caridad. Mejor una solución intermedia: bancos con ruedas y que se los lleve la grúa cuando en ellos haya aparcado malamente, algún mendigo. Aunque lo mejor quizá lo tengamos aquí, en nuestra ciudad: el pobre cuántico. No duerme en los bancos públicos y se mueve con tanta rapidez que es imposible saber, a un tiempo, su velocidad y su ubicación.

El Llorica, que es como se le conoce, es inaprensible. Cerró el Rey Chico. Cayeron o murieron alcaldes. Pero El Llorica permanece y dura. Cerraron comercios característicos de Granada, como Brieva o Costales, pero El Pobre del cartapacio, como fue llamado El Llorica en los años en que le dio por pedir con una carpeta azul de gomas debajo del brazo, siguió pisando las calles de Granada, sin reposo.

La Bizcocha, la reina de los prostíbulos granadinos, dejó de prestar sus imprescindibles servicios a agricultores con posibles, políticos y clérigos disfrazados de jornaleros, pero El Llorica no cesó de canturrear, mientras se acercaba a su presa: “tengo hambre, mucha hambre”. Cerraron cines, prostíbulos, conventillos, alacenas, chinos; el purgatorio mismo cerró, el limbo pasó a mejor vida. Cerrará, al paso que vamos, hasta la señora que vende cestillas de frambuesas y gladiolos en la Pescadería, pero ahí siguen El Llorica y la tienda de especias que impregna de olor a canela y a clavo la calle Puentezuelas. Porque, como afirmó Quevedo de la antigua Roma, sólo el huidizo Tíber quedó y de “la Granada de siempre” huyó lo que parecía firme y sólo lo fugitivo, los aromas y la pobreza, permanecen y duran.»

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© Pablo Alcázar López. Marzo 2014.