Postales granadinas

Plaza Gran Capitán… encrucijada de recuerdos ancestrales,

parada y fonda de progresía hacia el infinito,

lugar de encuentro de reivindicaciones colectivas,

siempre presentes en la memoria.

Camino de Purchil… natural salida a los vergeles de la vega,

rastreada travesía en noches de cómplice luna llena,

decana senda a precoces escarceos amorosos

en merenderos saturados de canciones y poemas.

Plaza de la Romanilla… enclave de mercaderes y aguadores,

valle asentado junto al templo catedralicio,

testigo de ostentosas campanadas al amanecer,

albergue de fragancias a brebajes y hierbas curativas.

Carrera de la Virgen pícaros paseos adolescentes,

miradas de soslayo incontroladas y donjuanescas,

mercadeo dominical de citas inevitables,

perfumadas de membrillos, almecinas y azofaifas.

Plaza de la Trinidad… hogar elegido por jaraneras aves

en constante peregrinaje a lo desconocido,

relax predilecto de foráneas y atestadas mochilas

de bohemios trotamundos sin retorno.

Paseo de la Bomba… rancias imágenes en ‘Las Titas’

compartiendo entablilladas sillas de madera,

desesperado regazo de confesiones inconfesables

acompañadas de hechiceras sangrías juveniles.

Plaza Nueva… amalgama de culturas multicolores,

sede imperturbable de  reuniones cotidianas,

bañadas con ‘vermú’ en sus esquinas,

y punto de partida de itinerarios albaicineros.

Carrera del Darro… abierta herida al pie de los palacios,

despojada ya de la presencia de medina y lonjas,

obligado ventanal de imborrables ocasos veraniegos,

vínculo atávico con el barrio de la Almanzora.

Paseo de los Tristes… añejos cortejos hacia el camposanto,

refugio de trovadores, titiriteros y rapsodas,

túnel negro de esperanza del añorado Egea,

rampa de salida hacia la Granada musulmana.

Fuente del Avellano… extramuros asomada al río Darro,

emblemático cofrade de líricas y bucólicas academias:

Ganivet y Melchor Almagro entre álamos y avellanos,

siempre cercanos a los caños del Pilar del Toro.

Plaza de San Nicolás… balcón nazarí rodeado de cármenes

que filtran efluvios de galán de noche y azahar,

mudéjar reducto frente a la colina roja de la Alhambra,

admirada y familiar postal de visitas incesantes.

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© Antonio Fernández Ferrer. Adaptación del poema “Rincones granadinos”, incluido en el poemario Memoria del tiempo. Editorial Alhulia, 2013.

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