Reflejos en la memoria

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Van cruzando, casi somnolientos,
el estrecho y misterioso pasillo de mi memoria
en continua peregrinación,
sin apenas evidenciar sus pausados suspiros
de languidez y nostalgia.

Recuerdos que nos habitan desde siempre,
que ocupan las estancias del subconsciente
como pertinaces inquilinos realquilados
que aparecen de manera insospechada,
apareándose con fechas señaladas del calendario
para así reivindicar su evocada presencia
en nuestros pensamientos.

Esta tarde gris me han visitado,
y un penetrante olor a mantel de hule
me ha arrastrado hasta la remota niñez.
Y he podido observarme, desde lo más alto,
con la cabeza apoyada en mis entrelazados brazos,
la cálida mesa camilla solapada a mi rostro,
aspirando -adormilado- el postrero aroma
a maternal comida recién retirada,
embutido en un colegial babero azul turquesa
con cuello duro blanco y almidonado.

El familiar reloj de pared del pequeño comedor
acaba de ofrecer su campanada de las tres y media,
al tiempo que una tímida y acompasada lluvia
comienza a empañar los cristales de la ventana,
vestida con visillos de croché.

_______________________________

© Antonio Fernández Ferrer, del poemario inédito «Donde termina el silencio».

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