La semilla de un guisante

– Cuando llega este tiempo se me hace extraño llevar tres años al margen de revisar carpetas, preparar apuntes sobre phrasal verbs, set-phrases, indirect speech…, abrir archivos sobre literatura angloamericana y releer a Joyce, Whitman, Dickinson, Faulkner…, revisar fichas del alumnado, actualizar cursos de doctorado…

– ¿No tratarás de decirme que echas de menos la enseñanza? Porque si es así recordarás que, poco antes de solicitar tu jubilación voluntaria anticipada, te comenté “¿Estás seguro? ¿Tienes claro que puedes seguir dando clase cinco años más sin necesidad de cortar bruscamente tu vocación?”

– Claro que lo recuerdo y además, puedo asegurarte que no me arrepiento. De todas formas han sido 38 años de mi vida, y ha supuesto un paso a otra etapa que espero sea gratificante. Simplemente comento que se me hace extraño, sin más. Afortunadamente no ha sido una ruptura absoluta con lo que tú llamas mi vocación, que -por cierto- nunca ha estado centrada exclusivamente con la rutina diaria de la docencia, sino que, como sabes, he ido alternando con varias de mis grandes aficiones: escribir, la música, la investigación y, últimamente, la experimentación en el arte de la horticultura. Y ahora, en mi actual situación, tengo la posibilidad de dedicar más tiempo a esos hobbies.

– ¿La horticultura? No me hagas reír. Recolectar una docena de tomates, varios pepinos, un mango, cuatro nísporas, unos calabacinos rarísimos, y algunos pimientos arrugaos ha sido tu aportación al consumo familiar de verdura y fruta. A ver si este año le sacas más provecho al invernadero…

– Cuando quieres ser cruel eres único. No sé ni cómo sigo monodialogando contigo. Estoy intentando rellenar un hueco en mi propia personalidad que me produce mucha satisfacción y, como dice mi amigo Antonio Ramos, quiero darle “vida a los años, y no años a la vida”. Ver simplemente brotar la semilla de un guisante es algo que me cautiva. Pero claro tú no te acercarás, ni por asomo, a esa sensibilidad. Eres como eres, y punto.

– Perdona, siempre olvido tu delicada y evidente susceptibilidad. Prometo que para la temporada que empezamos te echaré una mano con tus plantas y semilleros. Al fin y al cabo no me quedará más remedio y, de paso, a ver si aprendo algo. Aunque lo dudo.

– Esta bipolaridad va a acabar conmigo…y contigo.

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© Antonio Fernández Ferrer

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4 pensamientos en “La semilla de un guisante

  1. Eso mismo es lo que acabó haciendo el Cándido de Voltaire, cultivar su jardín. Es una recomendación muy sabia, esta.Tú que ya tenías arte en cultivar distintas parcelas, te has atrevido ahora con otra más. Será próspera, sin duda, como las otras.
    Un abrazo

    • Gracias, Brigitte, por entrar en esta ventana de opinión. Pues sí, igual que el Cándido, intento -con diferente suerte, he de decir- mantener un pequeño invernadero que compré en Inglaterra hace unos meses. La verdad que me da muy buenos momentos. Besos fuertes.

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