Al final del túnel

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– La capacidad de aguante de muchos me hace pensar en la madurez del pueblo español ante tanta injusticia, tanto desahucio incomprensible, tanto ataque a los derechos fundamentales de la ciudadanía (léase Ley Mordaza, impunidad de algunos impresentables ante la ley, corrupción generalizada…)

– ¿Madurez del pueblo español? Yo hablaría de ingenua pasividad, de absoluta insolidaridad frente a los más necesitados. Se me parte el alma viendo imágenes de personas asomadas, literalmente, a contenedores de basura buscando algo que llevarse a la boca, las largas colas de los comedores sociales, de indigentes que soportan calor y frío en cualquier esquina y que únicamente reciben algunas miradas de soslayo del personal…Ese aguante del que hablas no podrá sostenerse durante mucho tiempo, y en lugar de encontrarnos grupos de manifestantes portando pancartas contra el gobierno de turno, veremos imágenes que, ojala me equivoque, nos recordarán inicios de revoluciones que tenemos en la memoria, perdidas ya en el tiempo. ¡Ya está bien!

– Eres un catastrofista, como siempre, pero he de admitir que tu discurso tiene algo de coherencia. Si a la actual situación le añadimos la lacra de la violencia contra la mujer empezaremos a ir por el mismo camino. No es de recibo que a tanto macho incontrolado se le vaya la olla cada dos por tres. Pero eso es otra historia…

– ¿Otra historia? No podemos justificar y delimitar -y tú menos que nadie porque en el fondo somos uno- las barbaridades a las que nos estamos acostumbrando…el asesinato impune y cobarde no hay por donde cogerlo.

– No intentes poner en mi boca algo que no he dicho. La mujer no muere a manos de su pareja, la mujer la mata un descerebrado del que la mayoría de los hombres nos avergonzamos, que quede claro. Si sus suicidios fueran anteriores a sus asesinatos podríamos hablar de una purga de indeseables, pero lamentablemente ocurre al contrario.

– Pues ¿sabes lo que te digo? Que, pese a todo, sigo creyendo en el ser humano, en nuestra virtud para revertir el curso de este caos, en la certidumbre de que un futuro es posible, en la convicción de que la actual juventud sabrá hacerle frente a tanto desatino…Serán las únicas razones por la que se atisbe un rayo de luz al final de este negro túnel que nos asedia.

– Es que tengo que quererte.

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© Antonio Fernández Ferrer

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