Textos que comparto (10)

gala

Antonio Gala en el acto de entrega de la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga (18-III-2014)

“Y yo me iré,
y se quedarán los pájaros cantando,
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco…”
(Juan Ramón Jiménez, «Viaje definitivo»)
______________________

 LOS ADIOSES

«¡Con qué desenvoltura decimos adiós! Decir adiós es fácil cuando uno sabe que es, en realidad, un “hasta pronto”, un aplazamiento, el anuncio de una ausencia que no va a ser definitiva. Por eso es tan sencillo usar un formulismo que casi nunca es meditado, que pocas veces es realmente asumido. Pero qué difícil debe ser decir adiós cuando es una exactitud. Qué duro debe ser irse sabiendo que de verdad te vas, que no vas a volver.

Antonio Gala Velasco nos dijo adiós la otra noche, cuando se dispuso a recoger la Medalla de Oro que le ofreció el Ateneo de Málaga. Con toda la belleza del hombre que termina una tarea y se marcha a descansar, con la rotunda serenidad y la sencilla elegancia de quien da por concluido el camino, aunque el camino siga, Antonio Gala nos dijo adiós, un adiós tan de verdad que se nos quedaron ateridas las almas. “He venido a Málaga a despedirme de la vida”, dijo con un hilo de voz que, sin embargo, llegó más lejos que cualquier bramido estúpido de esos que se oyen a diario, demostrando una vez más que la emoción no necesita aumentar el volumen para subir tan alto, tan alto, que da a la caza alcance. Gala, con su adiós, conmocionó a quienes le escuchábamos porque fuimos conscientes de que su adiós era tan implacable como valiente y digno, tanto como hermosa y lúcida era su entereza. ¡Ah los poetas, enseñándonos siempre cómo andar por la vida y por la muerte!

No elegimos dónde nacer, pero a veces puede concurrir la circunstancia de que te sea dado escoger la tierra donde mueres, y Gala ha preferido hacerlo en este “anticipo del Paraíso al que no iré”, como dijo refiriéndose a la ciudad malagueña a la que ama más que a ninguna otra y tanto como solo ama a Córdoba.

Uno anda siempre preguntándose qué habrá tras la cortina, si se prenderá una luz cuando la luz se apague, si será verdad aquello que nos contaron o acaso no es nada más que un modo simple de consuelo. A uno le gustaría creer que allí, al otro lado, hay también una playa donde juega el niño que fue, y que quienes se fueron antes están esperándote con la mesa puesta bajo un sol tibio de junio. A uno le gustaría creer que todo eso le está aguardando y que el adiós nunca es posible. A uno le gustaría, cuando le estremecen la duda y el miedo, ser tan entero y tan sublime como un poeta que se despide.»

_______________________________

© Juan Gaitán. “La Opinión de Málaga”, 21 marzo de 2014.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s