Adiós, ‘cardenal Cisneros’

rouco

La hora de la jubilación llega, inexorable, a todos los mortales -a no ser que se queden en el camino- incluido Rouco Varela, nuestro particular ‘cardenal Cisneros’. El todavía arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal durante dos sexenios ha sido un luchador implacable contra el secularismo de la sociedad española, gobernando los asuntos eclesiásticos con auténtica mano de hierro. Ha cargado incansablemente contra el matrimonio homosexual, contra el aborto, contra el llamado ‘divorcio exprés’, contra Educación para la Ciudadanía y el olvido de Dios.

Se va, sí, pero en sus ya largas despedidas y homenajes sigue soltando ‘perlas’ que hacen que la partida se haga interminable, cansina y soporífera. Últimamente ha declarado: “Sufrimos el envejecimiento alarmante de nuestra sociedad, con el matrimonio y la familia atravesando una crisis profunda; la cultura disgregadora y materialista del tener y disfrutar se percibe en muchos campos, en particular, respecto de los inmigrantes, afectados, como también las clases medias, por la crisis cultural y económica; la misma nación española se encuentra con graves problemas de identidad, amenazada por posibles rupturas insolidarias; el nivel intelectual del discurso público es más bien pobre, afectado por el relativismo y el emotivismo…”

Es la visión de una fragmentación apocalíptica e irremediable del país: “España está a punto de romperse, en crisis profunda, víctima del materialismo y del relativismo. Esta situación es constatable, fundamentalmente, en la crisis de la familia, de la vida y de la educación, entre otras muchas cosas”. Hace unos meses, en la conferencia inaugural de la reunión de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) Rouco aseguró que los obispos solicitarán a los gobernantes “un giro positivo de la legislación y de la política sobre el matrimonio y la familia, que incluye la problemática de la bioética y el derecho a la vida”.

También ha vaticinado la desaparición de las sociedades por el aborto, al haber traspasado el “sendero fatal de un radical no a la vida, ya que no se puede jugar con el derecho a la vida, y menos pensar que el Estado es el dueño del derecho a la vida. La vida sólo es de Dios”.

En fin, en eso estamos… Adiós, Rouco, adiós.

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© Antonio Fernández Ferrer

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