Relato de un insólito hallazgo

Me desperté cerca de una aislada
y derruida casa en medio de ninguna parte.
El día comenzaba a desperezarse
ofertando a la oscura noche
su relevo inminente.
Aún no sabía como había llegado
hasta ese lugar inhóspito,
desconocido y solitario,
pero era consciente del peligro
que la situación presentaba.

Me dispuse a levantarme de inmediato,
aunque algo impedía
que alcanzara una posición erecta,
además del fuerte dolor en la espalda
y una insufrible cefalea.

Al mirar mis piernas
-entre dos luces y con cierta dificultad-
pude observar alarmado,
perplejo y aterrorizado,
que aquellos miembros que, hasta ahora,
permitían que me desplazara
mostraban una increíble imagen
similar a la cola de un gran escualo
que hacía que, de cintura hacia abajo,
mi cuerpo quedara inerte,
totalmente inmóvil.

Cuando iluminé aquel extraño espacio
con una pequeña linterna
que yacía en el frío y húmedo suelo,
a un palmo de mi mano derecha,
se confirmaron todas mis sospechas:
la vacía botella de whisky Ballantine,
junto a mi empeño en pasar la noche
del solsticio de invierno al aire libre
y embutido en un saco de dormir,
habían hecho el resto.

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© Antonio Fernández Ferrer

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