Relato sin coartada

Fueron apenas unos segundos de duda,
ante lo que se antojaba inevitable,
los que se sucedieron entre seguir hablando
o callar para siempre,
en un intento postrero
de reconciliación con lo innegable.

Sus palabras no conseguían hilvanar
un discurso coherente,
iban -simplemente- conformando
balbuceos sin sentido…
la incómoda sequedad de su boca
le hacía pronunciar frases inconexas
que se difuminaban
en el preciso momento de ser emitidas,
como la ligera neblina que acompaña
una invernal madrugada
y desaparece cadenciosa.

Las repetidas y consabidas excusas
-que durante tanto tiempo
habían sido sus leales coartadas-
quedaban obsoletas,
trasnochadas y vacías de contenido,
ante la irrefutable evidencia
de los hechos.

Tenía el sutil presentimiento
de que el destino y los hados
no le eran propicios,
no estaban por la labor
de augurarle positivas vibraciones
y, por tanto, era inútil esgrimir
justificaciones, postulados,
o cualquier tipo de defensa numantina
a la desesperada.

No había necesidad de prolongar
por más tiempo
aquellos melodramáticos
y tensos instantes,
no se vislumbraba solución alguna,
carecía de sentido mantener el misterio…

Es cierto”, dijo con temblorosa y lánguida voz,
“he olvidado limpiar el filtro del lavavajillas”.

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© Antonio Fernández Ferrer

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