Poesía en los blogs (X)

eloy sanchez rosillo

“La vida es una sucesión de asombros, y la poesía, un intento de expresarlos” (Eloy Sánchez Rosillo)

Murciano de 1948, docente de Literatura española en la Facultad de Letras de su ciudad natal, el profesor Sánchez Rosillo es, ante todo, un poeta que se dio a conocer en 1977 al ganar el Premio Adonais con un libro titulado Maneras de estar solo (Rialp, 1978). Ha ido ofreciéndonos luego, cada vez más pausadamente, otras publicaciones: Páginas de un diario (El Bardo, 1981), Elegías (Trieste, 1984), Autorretratos (Península, 1989) y La vida (Tusquets, 1996). En esta editorial barcelonesa publica en 2004 Las cosas como fueron (Antología), y en el año 2005 se edita La certeza con el que obtendría el Premio Nacional de la Crítica como mejor poemario del año, Oir la luz en 2008 y Sueño del origen (2011). Su último poemario Antes del nombre ha sido publicado en 2013.

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Eloy Sánchez Rosillo fue muy pronto catalogado como el poeta elegíaco de su generación. Esta línea arrancaría de Luis Cernuda, al que dedicó su tesis doctoral, a través del Grupo Cántico y sobre todo de Francisco Brines. El principal tema de su obra es el tiempo, efímero e inestable. A pesar de la melancolía, esta poesía elegíaca no tiene tintes negros, no está sumida en la desesperanza. Es un estado de ánimo que proporciona un estímulo poético extraordinario, y que nos acerca de forma intensa, a través del recuerdo y la evocación, a lo que fue pasto del tiempo.

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De “ANTES DEL NOMBRE” (Ed. Tusquets, 2013):

El amor sucesivo

Si solo fueran bellas en sí mismas,
o a cosas solo hermosas remitieran,
no tendrían sentido mis palabras.
Lo alcanzarán tal vez porque su adentro
-hecho de luz y música-
descienda hasta mi alma y fructifique
en entender y amar.
No vienen hasta aquí desde su origen puro
a sostenerme en este que yo soy,
en mis propias razones: llegan para
desnudarme de mí y que en ellas hable
la verdadera voz de cada uno
-que es la misma de todos, más sin muerte-
y para proseguir su germinar en otros
como acicate y seña del amor sucesivo.

Antes del nombre

Desperté y habitaba
la estancia inacabable de la luz;
supe del todo y siempre,
y era yo nadie y nada y cada uno
antes del nombre, el traje, la mirada.
Pronto llegó el instante
primero, y otro, y otro, y se apagó
de golpe el sitio aquel del que ahora apenas
tengo tan sólo unas migajas pobres.
Y fui el que Eloy se llama, el que esto escribe,
alguien con su tristeza y su alegría,
su sol, su lluvia, su ansia, sus papeles.

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© Antonio Fernández Ferrer

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