Mi pequeño amigo hawaiano

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Creo recordar que fue en mayo de 2011 cuando entré en contacto -por vez primera- con mi ya inseparable amigo, leal compañero de momentos entrañables y de complicidades musicales. Mi hermano Luis -siempre pendiente de todo lo que pueda reportarme sorpresa o admiración hacia algo impactante y novedoso, casi siempre relacionado con la música- fue el desencadenante de ese primer encuentro. Nos presentó en su casa de Granada y he de reconocer que, desde el principio, funcionó una incomprensible e inexplicable ‘química’ con la que, a veces, sobran las palabras e incluso cualquier tipo de lenguaje gestual añadido.

Aquel ‘ente’, callado, quieto y pequeño, investigaba, escudriñaba (podría afirmar que acaso ‘imploraba’) con su ojo central de cíclope mitológico unas manos que lo hicieran hablar y expresar lo mucho que guardaba en su interior, como reclamando ocupar un destacado lugar en el espacio y en el tiempo. Yo quedé -he de confesarlo abiertamente- hechizado por su insólita y original personalidad, y agradecí infinitamente aquellos instantes que mi hermano me obsequió.

No volví a ver ningún pariente de este ‘enigmático ser’ hasta el 26 de octubre de ese mismo año, cumpleaños del que os escribe este breve relato. Ese mediodía, Adelina llegaba -como de costumbre- de su trabajo en el laboratorio, pero su entrada en casa tuvo un componente especial, un sigilo y secretismo poco frecuente que llegó a intrigarme. Venía acompañada de un paquete que, en principio, delataba -por su forma y apariencia- una tentadora ‘paletilla de jamón’. Apetitoso y gran detalle como regalo, pero tal vez demasiado prosaico, a mi entender…

Nada más lejos de la realidad. Al ofrecérmelo, acompañado del consabido ‘feliz cumpleaños’, pude comprobar al instante que ese especial presente ya estaba reclamando unas manos (las mías) que le custodiaran en su nuevo destino, que estimularan sus ocultas y veladas armonías, que sacaran del anonimato tantas vivencias contenidas, que templaran y afinaran, en fin, sus cuatro delgados filamentos para hacerlos vibrar de emoción y fantasía…

“Mi ukelele” -familiar cercano de aquél que conocí meses atrás- ya había concluido su peregrinaje. Estaba en casa.

© Antonio Fernández Ferrer (8 agosto 2013)

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4 pensamientos en “Mi pequeño amigo hawaiano

  1. Esta noche ha venido a mi memoria, otra noche que estaba dormida en mis recuerdos hace quizá cuarenta años. El acababa de volver de Dublín, y en nuestro dormitorio compartido junto al balcón, me hizo vivir con él todas aquellas experiencias de su primer viaje fuera de nuestras fronteras. Vivencias musicales escuchando temas nuevos desconocidos como la ópera rock Jesucristo Superstar o los éxitos del glam rock en el Reino Unido con Gary Glitter, y compartiendo sus momentos vividos haciéndome partícipe de ellos, era algo nuevo y muy agradable y que me hacía sentirme tratado como mayor.
    Aquella noche para mí fue el inicio de un camino amplio y largo que hemos venido recorriendo siempre muy cerca, con muchos momentos difíciles, muy difíciles que compartimos hasta la última respiración, y otros con los que nos queremos quedar, muy felices. El despertó en mí la pasión por la música y la lírica, siendo para ello siempre mi referente desde los primeros acordes de la guitarra hasta letras cantadas en second voice. Habría muchas cosas más que contar, pero ambos las conocemos, ya habrá otras ocasiones para relatarlas.
    Para mí es una persona insustituible y necesaria, y por eso siempre por siempre a tu lado, se puede escribir mejor(tu lo sabes), pero no sentir más.

    • ¡Vaya venilla escritora que tienes, hermano! Deberías hacerte un blog de estos…aunque sólo fuera para echar fuera tantas vivencias que seguro que tienes por ahí escondidas y deseando ser paridas. Al compartirlas sientes algo muy especial y reconfortante que es la cercanía, a pesar de la distancia, con gente que no podríamos ni imaginar que está ahí. De tus comentarios qué voy a decir…todo es recíproco. Me has ayudado tanto en momentos críticos que te considero mi alma gemela y un ‘alter ego’ único, y un hombro donde sé que siempre podré apoyarme. Abrazos fuertes.

  2. Bueno nos os pongáis tan románticos, que lo del ukelele se me ocurrió a mi un día de esos que
    no sabes que ” coño regalar “, pero me alegro mucho que haya tenido tanto exito, lo disfruteis tanto nos haga pasar momentos tan pero que tan buenos, y os tenga tan ” entretenios “je, je. Un besaso.

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